PANTALLAS VS. JUGUETES: EL RETO DEL EQUILIBRIO
Monterrey, NL 28 junio 2026.- En algún momento del filme Toy Story 5, la simpática vaquerita Jessie descubre con horror que Bonnie, su dueña, es la única niña del vecindario que continúa divirtiéndose con sus juguetes, mientras que los demás utilizan dispositivos electrónicos -tabletas, computadoras portátiles y celulares- para entretenerse.
Sin spoilers, la trama de esta entrega de la popular franquicia de Disney y Pixar plantea que los aparatos tecnológicos compiten con los juguetes tradicionales por la atención de los pequeños, pero lo hace desde una mirada conciliadora.
Este punto de vista coincide con el de especialistas, quienes abordan la importancia de encontrar un equilibrio entre este tipo de juego y los dispositivos electrónicos, así como las opciones de entretenimiento que estos ofrecen.
En este escenario, los padres de familia deben ser los encargados de encontrar un sano balance entre ambas formas de recreación para sus hijos.
El juego simbólico es la capacidad de representar situaciones, personas u objetos a través de la imaginación, que es lo que hacen, primero Andy y luego Bonnie, a lo largo de las cinco películas de Toy Story.
«Desde lo psicoemocional, este juego simbólico sirve mucho para el desarrollo de las emociones de los niños, porque permite que exploren su mundo interior, que se pregunten y contesten lo que sienten, lo que quieren y lo que están dispuestos a permitir, porque representa el ensayo de situaciones de la vida cotidiana», señala la psicóloga y psicoterapeuta María Mendiola.
La experta explica que esta actividad lúdica ocurre desde que el infante toma algún objeto o figura y representa alguna escena cotidiana.
«El juego simbólico sucede cuando un niño usa una caja como si fuera un medio de transporte, cuando se pone a cantar con un cepillo para el cabello y ese es su micrófono, cuando envuelve en una cobija a su muñeca y la duerme, y cuando le cambia la ropa a la Barbie y, a partir de ahí, inventa historias».
Estos juegos imaginativos contribuyen al desarrollo de muchas habilidades, como el lenguaje, la creatividad, la empatía y la resolución de problemas, afirma la psicoterapeuta Mariel Contreras.
«Ayuda a que los niños procesen experiencias que viven en el día a día; por ejemplo, si un niño tuvo un conflicto con un amiguito en la escuela, probablemente jugará con su juguete alrededor de ese mismo problema», expresa.
«Esto es una ventana para que el adulto que lo acompaña vea cómo juega, cómo se encuentra emocionalmente el niño y cuáles son las situaciones que está viviendo en ese momento».
Las tabletas, las computadoras portátiles y los celulares no ofrecen esta oportunidad, porque sus juegos son estructurados.
«El juego es el primer laboratorio emocional y práctico donde ensayas la vida», agrega Mendiola sobre la relevancia de esta actividad en los menores.
Aunque el uso excesivo de dispositivos sí causa desconexión entre los infantes, su entorno y otras personas, estigmatizar la tecnología no es la solución, señala la psicóloga Andrea Correa.
«Lo ideal es evitar los excesos, identificar la función y el aporte que tienen cada uno de estos aparatos y dosificarlos de la manera más conveniente».
En esto coincide la psicoterapeuta Contreras, quien añade que la sociedad vive una realidad en la que resulta imposible escapar de la tecnología.
«No se trata de eliminar la tecnología, sino de tener un uso equilibrado, consciente y de acuerdo con la edad del menor», indica.
«La pregunta no debería ser: ‘¿Deberíamos usar o no pantallas?’, sino, más bien, qué contenido consumen nuestros hijos, cuánto tiempo pasan frente a ellas y qué experiencias están dejando de vivir».
Al pasar mucho tiempo frente a tabletas, computadoras portátiles o celulares, los niños pueden perder oportunidades para desarrollar la imaginación y la creatividad.
«El aburrimiento suele ser el punto de partida para la creatividad, para inventar historias y para resolver problemas», dice Contreras.
«Una pantalla, en cambio, es un entretenimiento que genera dopamina rápida y mantiene estimulado el cerebro constantemente, lo que puede generar dependencia; así hay menos oportunidades para inventar, imaginar y crear».
El problema no es que la tecnología exista, agrega Mendiola, sino que ha desplazado el juego, la convivencia y la imaginación porque resulta más fácil garantizarle entretenimiento al menor mediante una pantalla.
Cada vez que un infante utiliza algún dispositivo electrónico y, por ende, no interactúa con otras personas, está perdiendo oportunidades para que ciertas áreas de su cerebro maduren, afirma la neuropsicóloga Edna Rhodes.
«Estructuralmente ahí está su cerebrito, pero está madurando sus funciones; hay un área que regula la atención, la planeación, la organización y la inhibición de conductas impulsivas, pero todavía no está lista.
«Si yo le doy una tableta a mi hijo sin que esté mediado por el adulto, entonces estas áreas se quedarán sin una estimulación adecuada».
Se asocia, señala, a los infantes que usan estos dispositivos electrónicos desde temprana edad con dificultades en el lenguaje y el aprendizaje de la lectoescritura, si bien aclara que los estudios no establecen una relación de causa y efecto.
Sobre la importancia del juego simbólico, expresa que una tableta dará al menor un juego ya armado y creado, mientras que los juguetes brindan esa función
imaginativa y les permiten experimentar el aburrimiento.
«La tableta es un juego completamente individual, y cada vez más necesitamos fortalecer nuestras habilidades sociales desde pequeños, porque es lo que necesitamos para convivir en sociedad».
Agrega que las funciones ejecutivas -capacidades cognitivas complejas localizadas en la corteza prefrontal del cerebro- suelen madurar hacia la adultez joven.
De ahí la importancia de cuidar el cerebro de los hijos desde edades tempranas.
TOMA EN CUENTA
Las especialistas brindan recomendaciones para hallar un equilibrio entre ambas formas de diversión.
Priorizar el juego simbólico, las actividades al aire libre y la convivencia familiar.
Crear espacios y momentos libres de dispositivos, como la hora de la comida y antes de dormir.
Dar ejemplo a los hijos sobre un uso responsable de estos aparatos tecnológicos.
Establecer límites claros y consistentes respecto al tiempo de uso de estos dispositivos.
Tolerar el aburrimiento y el mal humor de los menores, y no hacer de estos dispositivos una vía de escape.
Procurar que la interacción del menor con la tecnología no sea meramente individual.