NAHLE, ENTRE AVIADURÍAS Y FORTUNAS INEXPLICABLES

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Línea Caliente

Por Edgar Hernàndez*

Al más reciente descubrimiento hecho público este día por el diario Excelsior en torno a que el sobrino de la gobernadora Rocío Nahle, Alberto Nahle Sánchez, cobra como “asesor del Senado” haciendo gala de un descarado nepotismo, regresa a la memoria la escalada de turbios negocios de familia.

De su yerno Fernando Bilbao Arrieta en la venta de medicinas, material eléctrico, construcción y hasta contrabando de combustible que lo vinculan a la red de Huachicol Fiscal por montos superiores a los mil millones de pesos.

De los bisnes de la otra sobrina, Maribel Hoyos Peña que de ser una chamaca clasemediera se convirtió en dueña de una mansión de 45 millones en el Estero de Boca de Río, que presuntamente renta a la gobernadora.

Y de los negocios millonarios a compadres y amigos en la concesión de contratos en Dos Bocas.

El fondo del entramado.

Así, cuando uno se pregunta, luego de observar esta desmesura, cuál es el límite de la llenadera ¿hasta cuándo queda lleno el costal? la repuesta es nunca, o al menos nunca mientras Morena esté en el poder.

Los moches en la venta de alcaldías, las cuotas obligadas por jugosas plazas en el gobierno, el tema del reemplacamiento de cientos de miles de autotransportes -cuando el atarantado en su mandato hizo lo mismo- con la consecuente derrama millonaria y ese pendientito de 500 millones de dólares en destinos fiscales de las Islas Virgen, Panamá y las Bahamas denunciado en este espacio documentado en la misma proporción que repetidamente minimizado y descalificado.

Cansan las rapacerías.

Ya para que el propio el “pueblo bueno” de AMLO se manifieste y grite que está hasta la madre es que algo está por cambiar.

Que la ciudadanía está en el límite del hartazgo.

Ello se percibe en las reuniones de familia, en los cafés, en el super, cuando vas a cargar gasolina, cuando tienes la mala suerte de ver y escuchar las declaraciones de triunfalismo de un gobierno fallido que con mítines monstruo y festivales musicales -cual pan y circo- pintan escenarios de popularidad y respaldo.

Lo que está pasando en Veracruz enciende las alertas de hacia donde vamos ante una incontenible escalada represiva de que la bebes o la derramas, o te callas o te desaparecemos y de que más vale te conformes porque esto no va a cambiar.

Hacia adentro, sin embargo, bulle una efervescencia ciudadana, una revolución silenciosa, un ¡ya estuvo bueno! y si no es por las buenas a través de las urnas, será por las malas como ha sido en otros momentos de la historia.

Eso del México bronco no es cuento, tampoco la insurgencia podría arrancar en Veracruz.

Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo

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