Walter Olivera Valladares / @WalterOliverav

Contra todo pronóstico, en medio de la celebración mundialista de fútbol, las autoridades lograron evitar los escenarios catastróficos que se vaticinaban. Pero la capital sigue bajo asedio con las protestas magisteriales, el comprensible clamor de las madres buscadoras, los engañados padres de los 43 de Ayotzinapa.

También están los reclamos de campesinos, las movilizaciones de los pensionados y jubilados de Pemex que piden revertir el Artículo 127 constitucional que puso tope retroactivo a sus pensiones; y las organizaciones que claman acción penal contra los acusados del régimen por sus presuntas ligas con el crimen organizado.

Evidentemente el más importante torneo del balompié mundial en el que México –se diga cómo se diga sólo es un actor de reparto– no distrajo la atención de los problemas mayores que aquejan al país.

Prueba de ello es que en medio de su controvertido cumpleaños número 80 con exhibición de luchas de la UFC incluida, asistencia masiva de más de cuatro mil invitados VIP y presupuesto superior a 60 millones de dólares, el presidente Donald Trump recibió como regalo la firma del acuerdo de entendimiento de paz con Irán, que ya formalizó en Versalles. Entonces ocurrió lo esperado, puso la mira nuevamente en su socio comercial más cercano…

Claramente, el mundial (del cual, dicho sea de paso, es el anfitrión principal) tampoco distrajo al mandatario estadounidense de sus principales objetivos en este lado de la frontera: los cárteles mexicanos y sus coaligados políticos.

Con la apertura del Estrecho de Ormuz, la estabilización en curso de los precios del petróleo y su aparición en la cumbre del G-7, Trump fue más que categórico… Iremos por tierra ahora –amagó– y en pleno foro político y económico global puso en duda la reputación de las instituciones mexicanas.

¿Puede el gobierno mexicano garantizar seguridad, estabilidad y control del país? Una nación que según Trump está completamente dirigida por el narco… Eso es lo que puso en cuestionamiento frente los líderes de las economías más importantes de la comunidad internacional.

El señalamiento es serio, muy serio. Tiene impacto directo en los sectores turístico, comercial y de inversiones. Queda vulnerada la confianza, la capacidad de gobernanza de nuestras autoridades, la escasa credibilidad que aún le queda al régimen. Todo esto en medio de la revisión del T-MEC que pende de una hebra, luego de que el propio Trump mostró su desdén a este acuerdo financiero.

Lamentablemente la criminalidad está enconada en gran parte del territorio nacional. Es un problema real. El narcocrimen daña y destruye decenas familias, y le pone ahora una máscara de terror a México frente al mundo.

A Trump parece no importarle la bilateralidad con México. No hace concesiones. No cede en la persecución a sus adversarios o a los que considera como tales. Lo hace con los migrantes, indocumentados o no; lo hace con el gobernador de California, Gavin Newsom, y su esposa, Jennifer Siebel, a quienes ordenó investigar por razones políticas. Lo hará contra los cárteles de la droga mexicanos y los ocho funcionarios y exfuncionarios que quedan en su lista de 10 narcoacusados.

¿Habrá respuesta de estado frente a sus señalamientos? ¿Continuarán las evasivas?

¿Enfrentaremos al crimen de manera responsable y determinante? ¿Lo harán nuestros vecinos con o sin subordinación? Ya veremos.

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