¿ENTRE CUOTAS Y CUATES?
Walter Olivera Valladares / @WalterOliverav
En medio de las jornadas de descontento por las crisis de insumos y medicamentos en el IMSS, el agua puerca en Jalisco y los bloqueos de transportistas contra las amenazas del crimen organizado, se nos viene encima el desafío a gran escala por la falta de credibilidad en el tema electoral.
La preocupación central de la opinión pública es razonable considerando que la sostenibilidad de la confianza en una de las instancias más sensibles del país como el Instituto Nacional Electoral (INE) está manchada por un inminente escenario de corrupción, bandos potencialmente hostiles y su legitimidad debilitada.
El caso de la presidenta saliente del INE, Guadalupe Taddei, envuelta en el escandaloso asunto de conflictos de interés durante los tres años que estuvo al frente del organismo electoral, asignando contratos millonarios de manera directa a empresas proveedoras, es el vaticinio de tiempos muy complicados de cara a las elecciones en curso del 2027 e incluso las presidenciales del 2030.
Claro que ahora, ante las indagatorias, documentos y auditorías que evidencian la mala praxis en el INE, los actores políticos se deslindan del asunto temerosos de ser contagiados del virus de la sospecha.
Desde el poder legislativo piden sacudir el árbol para hacer caer todas las manzanas corrompidas, pero ¿qué tan fuerte lo harán? Es una de las muchas dudas, porque hasta el momento de escribir esta reflexión no hay detenidos ni condenados.
¿Cómo será el nuevo perfil que reemplace a Taddei? ¿Continuará con las investigaciones del caso? ¿Es factible rescindir los contratos amañados? ¿Quiénes más caerán de esta red fraudulenta? ¿Cuál es el costo electoral para el partido en el poder? ¿Qué tan grave es el déficit de credibilidad en el INE? ¿Nos enfrentaremos a una parálisis electoral? Ya veremos…
Mientras tanto preocupan las voces que pretenden usar la autonomía del INE para desentenderse del asunto, esgrimen que cuenta con su propio marco legal para resolver los actos de corrupción.
Lo cierto es que se trata de una situación inédita desde la creación del INE –en febrero de 2014– para sustituir al entonces Instituto Federal Electoral durante el período presidencial de Enrique Peña Nieto. Por las características extraordinariamente negativas en el uso manipulado de recursos públicos no se puede pretender que la autonomía sea manto de impunidad para los funcionarios electorales involucrados.
Y es que la salida de Taddei para nada es la solución al problema, es apenas la pista inicial, el hilo de la madeja para desenredar el caos de las corruptelas que tienen al Instituto de cara al suelo.