DEL DESASTRE DEL INE SABEMOS QUIÉNES SON RESPONSABLES

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No nos vengan ahora a decir que el problema es Morena.

Claudia Sheinbaum

Entre Columnas

Las dimensiones de lo que ahora sucede con el Instituto Nacional Electoral son mayores, la muestra del nivel de descomposición en las cúpulas de un órgano del estado mexicano capturado y destruido por las manos de quienes llegaron para “moralizar la vida pública” y que, a contramano, configuraron una red de corrupción que rebasa cualquier idea de individualización. El problema es mayúsculo no solo por las dimensiones del presunto peculado, sino por el impacto en la ya lastimada imagen de un árbitro electoral venido a menos.

La narrativa construida desde la fanfarronería de la superioridad moral encabezada por el máximo líder tropical contra el INE desde hace ya varios años, rinde frutos con su captura, con su ocupación por leales que mostraron tanta incapacidad como ambición, desplegando las visiones facciosas, antidemocráticas y autoritarias que les fueron ordenadas, con el objetivo de minar al INE, de reducirlo en su fortaleza operativa, en la credibilidad de sus acciones y en la confianza social.

Socavar al INE no ha sido un propósito banal. Se trata de destruir un prestigio ganado con esfuerzos de décadas, de luchas vitales por conformar un instrumento verosímil para el desarrollo de elecciones que otorgaran certidumbre en los procesos e incertidumbre en los resultados. Acabar con el INE fue una obsesión de los nostálgicos del régimen del control de los votos y los resultados, contra los que tanto se luchó.

El autoritarismo que subyace en la captura del INE para romper su autonomía y sus posibilidades de credibilidad, favoreció los grandes negocios de las camarillas impulsadas desde el poder, el mismo que alababa la honestidad y el progresismo de quienes arribaron al control del organismo pero con aviesos intereses.

Millones de pesos manejados discrecionalmente de la mano del aval de los procesos que garantizaron las espurias mayorías calificadas o justificaron la destrucción del Poder Judicial con un proceso viciado en todos sus órdenes. El organismo convertido en el edén de los anti demócratas, arropados en el populismo más cínico, arbitrario y prepotente.

Demandar la defensa del INE como un órgano fundamental del República, de la democracia, no es historia pasada. Exigir que el instrumento institucional funcione con reglas y personas comprometidas, confiables e imparciales, es un imperativo de la convivencia social pacífica. Es momento de superar la descalificación malintencionada que se ha vertido con bajeza en los últimos años. La realidad de este proyecto concentrador ha topado con la pared de la desmesura y la desvergüenza. Los destructores del país ahora deberán hacerse responsables de sus dichos y sus hechos; responsables que tienen nombre, colores y alianzas sobre las que han forjado el fracturado escenario que hoy vivimos, en vísperas de las elecciones del 2027 que son un predicamento mayor.

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA

¿Hasta dónde, hasta cuándo se permitirá la feria de los escándalos, la corrupción y la impunidad de Morena?

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