REFLEXIONAN FUTURO DEL INEHRM EN EL SECTOR CIENCIA
Ciudad de México 3 agosto 2026.- Sobre el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), el historiador Javier Garciadiego, uno de sus ex directores, afirma que en realidad no ha habido uno solo, sino muchos.
«Es una facultad, es un derecho del Gobierno que gana elecciones, darle orientación a las instituciones», apunta en entrevista el actual director de la Capilla Alfonsina y de la Academia Mexicana de la Historia.
«Lo que yo sí peleo es que las instituciones sigan vivas. Que tengan cambios. Los podemos discutir, claro está», prosigue, insistiendo en que «cada Administración ha tenido un INEHRM distinto».
Por instrucción de la Presidenta Claudia Sheinbaum, el Instituto, que actualmente encabeza el historiador Felipe Ávila, hasta hace poco bajo la estructura de la Secretaría de Cultura, fue convertido en un organismo público descentralizado adscrito a la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti), con el objetivo de impartir educación superior.
Además de formación en Historia, la oferta inicial del nuevo INEHRM contempla una licenciatura en Administración Pública y Buen Gobierno, y hasta una maestría en el llamado «Humanismo Mexicano», según informó la Mandataria el 1 de julio pasado en su conferencia matutina, sin que se dieran detalles sobre si dicho centro contará con mayor presupuesto para cumplir con sus nuevas funciones.
En conversación con REFORMA, Garciadiego, así como la historiadora Patricia Galeana y el politólogo Francisco Valdés Ugalde, también en su momento directores de esta dependencia, reflexionan sobre esos diferentes institutos que este centro ha sido a lo largo de más de 70 años de historia, y de lo que sería deseable en la nueva etapa que se ha puesto en marcha.
La historia, conocimiento útil
Galeana fue alumna del fundador del INEHRM, Salvador Azuela, y se refiere a ello como un privilegio.
Sucedió en la cátedra de la Revolución Mexicana que instaurara en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM el abogado, sociólogo e historiador, a quien su discípula y colega lo define como «una pieza clave en la historia de México».
«Porque él fue el que colocó al estudio de la Revolución Mexicana como uno de los momentos claves de la historia de nuestro País. Un antes y un después», destaca Galeana, fundadora y directora del Museo de la Mujer.
Azuela estuvo al frente del entonces Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, fundado en 1953, durante tres décadas. Dedicó sus esfuerzos a recopilar todos los documentos de los revolucionarios que aún seguían vivos, varios de los cuales incluso formaron parte del Consejo Técnico de la institución.
«Su primera labor fue reunir toda esta documentación, y después, claro, hacer investigación y difusión de la misma. Así surge el Instituto.
«Cuando llega el PAN al poder, como este partido no tenía mucha simpatía por el proceso de la Revolución Mexicana, pues entonces le cambiaron el nombre (a la institución). Le pusieron ‘de las Revoluciones de México'», detalla la historiadora.
Se amplió su vocación hacia los sucesos revolucionarios que dieron origen al País que conocemos hoy, empezando por la Independencia y luego la Reforma, aquella revolución cultural gracias a la cual se pasó de un Estado confesional a uno laico, a decir de Galeana, estudiosa del siglo 19 mexicano que en realidad pudo dirigir el INEHRM gracias a ese cambio de nombre.
«Al hablarse de ‘las revoluciones’, bueno, pues entonces ya tuve yo el gusto de dirigir el instituto que fundó mi querido maestro. Y me tocó, además, un momento importante porque organice todas las actividades del centenario de la Constitución; también establecí temas que nunca se habían tratado antes, como la historia de las mujeres en México».
Respecto al valor de este centro, quien fuera su directora de 2013 a 2018 remarca que recuperar todas las fuentes primarias de la documentación original de la Revolución Mexicana «no es poca cosa».
«El conocimiento de la historia es un conocimiento útil que nos permite comprender mejor nuestro presente y actuar en él», afirma.
Y si bien la transformación de la que ahora es objeto el INEHRM le parece positiva, dado que «entre más centros educativos tenga un país, mejor será el desarrollo del mismo», Galeana señala la necesidad de dotarle de recursos suficientes y personal especializado para garantizar un nivel académico serio.
«Que el diploma que se otorgue realmente esté certificando conocimientos; que no les demos a las personas un diploma que no tiene un valor real», advierte Galeana.
«Yo tuve el privilegio de contar con muchos colegas que, sabiendo de las estrecheces económicas, daban sus conferencias sin honorarios. Pero esto cambia cuando ya se está convirtiendo en una institución que va a impartir cursos () Esto implica un trabajo de tiempo completo de muchos de los docentes, y no se les puede pedir que trabajen sin cobrar, evidentemente».
Pero eso sí: Lo que de ninguna manera sería deseable, remarca Galeana, es que el INEHRM se convierta en un centro de propaganda.
«Esto sería acabar con toda la tradición que le dieron sus fundadores, que fueron estos personajes que vivieron el proceso de la Revolución Mexicana. Sería negar sus orígenes, pues», previene la historiadora.
‘Impropio de una democracia’
Ya a inicios del milenio se había propuesto un radical cambio de rumbo para el INEHRM. Pero jamás se concretó.
Fue a la llegada de Vicente Fox a la Presidencia, y como parte de sus intenciones de producir una reforma del Estado que consolidara la transición política, según recuerda Valdés Ugalde, integrante de la comisión de estudios que perfiló tal empeño.
«Me invitan a dirigir el INEHRM con la idea de convertirlo () en una especie de centro de estudios, de centro de pensamiento, para buscar la forma de hacer una reforma democrática del Estado», cuenta en entrevista el doctor en Ciencia Política.
Incluso hubo una propuesta de decreto para llevar a cabo ese cambio de vocación, el cual se había planeado publicar el mismo 5 de febrero del 2001, en el aniversario de la Constitución.
«Siendo un instituto que tenía en su consejo a varios historiadores notables, ellos se oponían a que se convirtiera en esto, y sugerían que se hiciera otra institución. El Gobierno no tenía la intención de hacer otra institución, y, por lo tanto, pues no se cambió el instituto () Ante eso, decidí no continuar porque mi función no era dirigir un centro de Historia», comparte Valdés Ugalde, titular del INEHRM apenas por unos meses.
«Mi proyecto, el proyecto para el que yo había sido invitado, era coordinar, dirigir, encabezar un centro de estudios, precisamente, para llevar a cabo ajustes en la organización del poder político en México», refrenda el académico del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, México, que también dirigió de 2010 a 2018.
Para quien viera frustrado aquel plan, lo que ahora busca hacer el Gobierno encabezado por Sheinbaum «pareciera una escuela de cuadros de lo que llaman la 4T».
«Dicen: ‘Para combatir a la derecha’, cosa con la que yo estoy de acuerdo. Yo estoy de acuerdo en combatir todo el extremismo, y sobre todo, lo más importante, en combatir la idea de que el Estado mexicano deba tener una inducción ideológica de algún tipo. La democracia tiene que admitir el pluralismo, y el pluralismo no admite que un punto de vista sea dominante sobre los demás».
A su parecer, Azuela mismo concibió el INEHRM como un instrumento para la actualización ideológica de la Revolución Mexicana; «tenía claramente ese tufo autoritario», opina Valdés Ugalde, reconociendo, no obstante, que el Instituto nunca formó cuadros.
«Pero terminó siendo una institución para adornar el Gobierno; una institución de ornato que terminó haciendo libros muy bonitos, ediciones conmemorativas, una fototeca extraordinaria, una biblioteca también sobre la Revolución Mexicana muy robusta y memorable.
«Supongo que el Gobierno actual, que quiere o tiene este proyecto hegemónico () pues quiere también un Instituto que refleje sus puntos de vista. Pero eso no es propio de un Estado democrático; es propio de los sistemas autoritarios en los cuales se adopta una ideología de Estado», alerta el politólogo.
La sola idea de instruir a jóvenes en aquello que desde la Administración pasada se ha acuñado como «Humanismo Mexicano» le genera suspicacias; «es más bien como un capricho de darle una designación, ponerle un nombre a un conjunto de disparates, por cierto autoritarios», insiste Valdés.
Al final, el politólogo pondera que, por las capacidades que actualmente tiene el INEHRM, no podría esperarse que dicha transformación tenga un gran impacto.
«Vamos a ver un episodio más del tipo de instituciones que quiere construir el Gobierno actual de México, que dejan mucho que desear», augura Valdés Ugalde.
¿Hacía falta otra escuela?
La idea de que el INEHRM fue hecho por el PRI para justificar su legitimidad histórica es, a criterio de Garciadiego, incorrecta.
«Como buen vasconcelista, Salvador Azuela era muy crítico de la falta de moral y de honestidad, y de la corrupción de los Gobiernos priistas. Así que no, no era precisamente un director legitimador o justificador», refuta el historiador, quien al hacer un breve repaso de los diferentes titulares de este centro va enlistando sus aportes.
Desde las grandes colecciones editoriales en la era de Azuela o con José Luis Barros hasta la renovación del Consejo Técnico emprendida por Guadalupe Rivera Marín, quien también consiguió el recinto en San Ángel para un instituto que por años fue itinerante. Y, más recientemente, el énfasis de Pedro Salmerón y Felipe en temas como la historia de las guerrillas, de la Guerra Sucia o la llegada de la izquierda al poder.
Garciadiego fue elegido director tras la salida de Valdés Ugalde al no concretarse la transformación que buscaba el Gobierno de Fox; «le dijimos que no era aceptable () que no se valía reconvenir un decreto presidencial que le había dado ciertas funciones al INEHRM, que eran, básicamente, de estudios, de acopio de documentación y de difusión sobre la Revolución Mexicana», rememora el historiador.
Hoy que de nuevo el Gobierno busca servirse del INEHRM, Garciadiego, su director entre 2001 y 2005, cuestiona si realmente hacía falta al País otra instancia de formación en Historia; «no veo la necesidad de hacer otra más, a menos que se piense que se van a tocar temas que no se están tocando en las otras instituciones», comenta.
«También me gustaría conocer cuál va a ser la planta docente () y si van a disponer de una buena biblioteca. No se puede hacer ciencia sin un laboratorio acorde, y no se puede hacer investigación histórica sin acceso a los archivos y sin una buena biblioteca», agrega quien dice compartir varias de las inquietudes sobre el destino que pueda tener este nuevo INEHRM.
«Yo creo que las instituciones no deben tener agenda ideológica, sino que eso debe depender de los profesores. Libertad de cátedra, no definiciones ideológicas previas institucionales. Eso no creo que vaya a funcionar», subraya el historiador.
Lo que acaso lo mantiene optimista es el perfil de varios de los involucrados en el cuerpo colegiado del nuevo INEHRM, entre ellos Armando Bartra, Enrique Semo, Lorenzo Meyer y Ariel Rodríguez Kuri, por mencionar sólo algunos; «puede haber diferencias ideológicas entre ellos y yo, puede haber diferencias de intereses temáticos, pero de que los que se han mencionado son académicos buenos, lo son», reconoce Garciadiego.
«Y de que Felipe Ávila es un buen historiador, lo es; es formado por nosotros en El Colegio de México () Digo, hemos hecho libros juntos», expone el historiador. «Entonces, vamos a ver qué viene. Si la cosa no sale bien, pues habrá que corregirla; si sale bien, pues, en todo caso, reconocerlo y aplaudirlo».