¿PIROTECNIA PARA CELEBRAR? LECCIÓN DE CANCHESDÁ
Ciudad de México, 7 septiembre 2026.- La tragedia ocurrida el pasado sábado en la comunidad otomí de Canchesdá, en Atlacomulco, donde una explosión de material pirotécnico dejó diez muertos y más de sesenta heridos durante los festejos patronales, nos obliga a detenernos y reflexionar profundamente sobre el costo humano de nuestras tradiciones. Este devastador suceso en el norte mexiquense no es un hecho aislado, sino un doloroso recordatorio de los riesgos latentes cuando el manejo de explosivos carece de los controles y protocolos de seguridad indispensables.
Este panorama adquiere una urgencia crítica ante el impulso festivo que cada año acompaña a las próximas Fiestas Patrias. Septiembre es un mes profundamente arraigado en la identidad nacional, las verbenas populares y el uso masivo de pirotecnia en plazas públicas y hogares de todo el país. Sin embargo, la línea entre la celebración y la catástrofe suele desdibujarse con facilidad cuando normalizamos el uso de artefactos explosivos sin dimensionar su peligrosidad real.
Analizar el suceso de Canchesdá frente al calendario patrio implica replantearnos cómo queremos honrar nuestra historia y nuestra cultura. Las festividades patrias deben ser espacios de cohesión social, orgullo y alegría comunitaria, no escenarios de luto. Concientizar sobre el uso de la pirotecnia no busca coartar las expresiones festivas de nuestra sociedad, sino transformarlas hacia dinámicas más seguras, empáticas y respetuosas de la vida humana, protegiendo especialmente a niñas, niños, adultos mayores y animales de compañía que también sufren las graves consecuencias de estas detonaciones.
En este momento de profunda consternación, el mejor homenaje a las víctimas de Canchesdá es asumir una corresponsabilidad ciudadana que priorice la integridad física sobre cualquier expresión pirotécnica, recordando que la verdadera libertad y el orgullo patrio se edifican cuidando la vida y la seguridad de nuestra comunidad.