NO CONCRETO: UNA CIUDAD QUE SE RECUERDA CON EL CUERPO
Agencia Reforma
Ciudad de México 15 septiembre 2026.- Teatro físico, danza y palabra se encuentran en el unipersonal ‘No Concreto’, que regresa con una tercera temporada al Foro A Poco No.
¿Qué recuerda el cuerpo de una ciudad? Tal vez una caída en el asfalto, el ruido de los cables, una calle del barrio, una estructura de acero o la tensión de caminar por un lugar que alguna vez fue refugio y después se convirtió en amenaza.
Esas preguntas atraviesan «No Concreto», un unipersonal de Rupestre Teatro que regresa a los escenarios para una tercera temporada, ahora en el Foro A Poco No, donde tendrá funciones del 24 de septiembre al 4 de octubre.
En escena, Diego Martínez Villa convierte su propio cuerpo en territorio. Acompañado por una barra de acero y una pequeña cantidad de magnesio, construye calles, espacios urbanos y recuerdos sin necesidad de reproducirlos literalmente.
La ciudad aparece en los movimientos del intérprete, en su voz y en las tensiones físicas de un personaje cuya historia está marcada por la violencia social y urbana.
Con dramaturgia de Thelma Carrizosa y dirección de Bárbara Alvarado, la puesta mezcla teatro físico, danza y palabra para acercarse a la experiencia de quienes habitan los barrios de clase trabajadora de la Ciudad de México.
Aquí, el barrio no es únicamente el lugar donde sucede la historia. Es parte de ella.
La propuesta comenzó su recorrido en 2025, con dos temporadas que incluyeron presentaciones en el Espacio Urgente y el Foro Shakespeare, además de una primera temporada con localidades agotadas.
Ahora, el montaje vuelve a encontrarse con el público en un espacio diferente. Y aunque la estructura de la obra permanece, su protagonista también ha cambiado con el paso del tiempo.
«Volver a No Concreto implica colocar el cuerpo nuevamente frente a una ciudad que nunca permanece igual», comparte Martínez Villa. Para el actor, cada función permite descubrir nuevos matices del personaje a partir de lo vivido y del encuentro con los espectadores.
La experiencia también plantea una mirada particular sobre la Ciudad de México. No se trata de reconocer una calle específica, sino de identificar aquellas sensaciones que forman parte de habitarla: desplazarse, resistir, recordar y aprender a convivir con un entorno que constantemente se transforma.