Pedro Peñaloza

“Todo poder es una conspiración permanente”.

Balzac

Después de la “heroica” historia que narró el secretario de la Defensa, respecto al operativo que llevó a la muerte de El Mencho, se ratificó que son los militares los únicos con el poder formal para enfrentar a la delincuencia organizada. No olvidemos que fue López Obrador quien impulsó a las fuerzas castrenses en la mayoría de los circuitos del Estado, provocando el “olvido” a una política de seguridad con carácter civil.

El gobierno de la presidenta Sheinbaum mantiene la misma visión, aunque con ciertos golpes espectaculares. Claro, sin afectar la hegemonía verde olivo, sus negocios muy rentables y el millonario presupuesto.

Un cambio mediático en este sexenio fue la inclusión de García Harfuch como símbolo de la estrategia de seguridad, pero con poco poder de actuación. Eso sí, formó su sistema de inteligencia paralelo al militar, pero con sus cuadros, aunque sin capacidad de fuego en los operativos. Una prueba de la marginación de Harfuch, e incluso del secretario de la Marina y de la Fiscalía General, fue la discreción del operativo contra el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, donde sólo conocían los detalles el secretario de la Defensa, su grupo de élite y la corporación estadounidense Fuerza de Tarea Conjunta Interinstitucional Anti-Cárteles, creada por el Comando Norte, del Departamento de Defensa.

¿Desconfianza o cautela? Tampoco estamos seguros si la presidenta Sheinbaum sabía del operativo contra El Mencho. Hoy los militares son quienes dictan la estrategia. Ya nadie habla de fortalecer a las policías civiles, es más, el informe del Inegi, recogido por Reforma el 20/marzo/2026, señala que el personal de seguridad a nivel local disminuyó 13 por ciento entre 2020 y 2024 y, únicamente el 77 por ciento de los municipios cuenta con policía propia, con todas las deficiencias imaginables y sin armamento de alto poder.

En este contexto militarista, despojaron a los civiles de capacidad operativa y dejaron a los soldados como única fuerza para enfrentar o negociar con la delincuencia organizada, lo que los hace indispensables e inamovibles

Ahora, aprovechando su papel privilegiado, la cúpula de la Sedena se alió con las áreas de inteligencia estadounidense excluyendo a las demás instituciones federales. Ante este panorama, la Presidenta tiene serios problemas en dos frentes: la presión de Trump para entregar a sus camaradas de partido vinculados a los cárteles; y los jefes militares mexicanos con su propia agenda, autonomía y mucha información de los miembros del gobierno y de otros. Ahí radica una de las debilidades de la inquilina de Palacio. Graves problemas que el huésped de Palenque alimentó en su sexenio.

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