Pedro Peñaloza

“El verdadero modo de vengarse

de un enemigo es no parecérsele”.

Marco Aurelio

La nueva propuesta de reforma electoral se presenta con ánimo revanchista. La reacción de Claudia Sheinbaum muestra su talante al no aceptar los errores que hubo en la operación política con los mercenarios, PT y Verde. Dice que perdió ganando.

Pero, recriminó el voto en contra de sus aliados y de algunos morenistas. “Carecen de convicción”, remachó. Por lo visto, repite los modos de López Obrador, que es una característica del autoritarismo vernáculo y lanza su “Plan B”, ahora sí acordado con sus compañeros de viaje y dejando afuera a los demás partidos.

La justificación para su citado plan es el “ahorro de recursos” y “el combate a los excesos”. El mismo discurso que se ha repetido desde hace siete años, simplemente una nube demagógica.

Las reformas constitucionales a cuatro artículos (35, 115,116 y 134), que contiene la nueva propuesta enviada al Senado, dibuja la visión centralista del gobierno. El enojo de la Presidenta se trasladó a la vida de los municipios y los estados, además, busca imponer cuánto deben ganar los miembros de los organismos electorales y los sueldos y prestaciones de los dirigentes partidarios. La desesperación de Sheinbaum no tiene límites.

Por ahora, sus afanes por someter a consulta las prerrogativas de los partidos fue eliminada de la negociación en Gobernación. Ahí también la derrotaron los partidos aliados de Morena. Ya antes le habían propinado un revés con la repartición de los recursos y los mecanismos para elegir a los legisladores.

También, desde Palacio se lanza la propuesta de que la revocación de mandato se realice en 2027, ¡una iniciativa desde el poder y no desde la oposición! Con lo cual se convierte en un referéndum de legitimación presidencial. Y para completar el carro completo, se propone la elección del 50 por ciento restante del poder judicial. La maniobra es burda.

Toda la parafernalia de “austeridad” que se ha disparado desde el oficialismo es una cortina de humo para ocultar una realidad: el “ahorro” que se calcula será de 4 mil millones y no tiene ningún impacto significativo en el presupuesto federal, ya que sólo representa el 0.04 por ciento, de un monto total de 10 billones 193 mil millones para 2026.

En realidad, la 4T participará en las elecciones con todos los recursos y el poder del Estado, sin ningún control, fomentando el clientelismo, repartiendo aspirinas sociales en un contexto de miseria y exclusión social. Esa es la venganza que se ejercerá desde el Gobierno. Que nadie se confunda, no hay vocación democrática ni intenciones incluyentes en la nueva propuesta electoral.

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