FORMA NORUEGA GIGANTE CON FUTBOL PARA TODOS
Ciudad de México 11 julio 2026.- Bryne, un pueblo noruego de apenas 14 mil habitantes, encontró hace dos décadas una fórmula que hoy presume como uno de sus mayores éxitos: formar al delantero Erling Haaland sin sacrificar la diversión, la inclusión ni el desarrollo de cientos de niños.
Mientras en otros países el alto rendimiento comienza desde edades tempranas, en Noruega el modelo privilegia la participación por encima de los resultados. Los niños juegan sin presión, los equipos buscan que todos tengan minutos y la competencia pasa a segundo plano durante la infancia.
De acuerdo con The Wall Street Journal, ese sistema permitió que una generación de 40 niños del club Bryne FK mantuviera a 35 de ellos practicando futbol hasta la edad adulta. Seis alcanzaron el profesionalismo, cinco fueron seleccionados nacionales juveniles y uno se convirtió en una de las máximas figuras del futbol mundial: Haaland.
El club ofrece entrenamiento gratuito y abierto para todos, con una filosofía basada en que jueguen «tantos como sea posible, durante el mayor tiempo posible y al mejor nivel posible». Los entrenadores son voluntarios y priorizan la diversión antes que las victorias.
Haaland, actualmente referente de la Selección de Noruega, creció bajo ese modelo en el pueblo natal de sus padres. Además del futbol, practicó esquí de fondo, balonmano y salto de longitud antes de especializarse, una decisión que en el sistema noruego suele llegar después de los 13 años.
Ese enfoque también fue objeto de una investigación encabezada por el científico deportivo Martin Erikstad, quien analizó durante años el desarrollo de la generación de Bryne. Tras revisar entrenamientos, entrevistar a jugadores y entrenadores y recopilar datos, concluyó que el éxito del delantero fue resultado de la combinación entre condiciones físicas favorables y un entorno óptimo para el aprendizaje.
La infraestructura también desempeñó un papel importante. Cuando Haaland era niño, Bryne construyó un domo de futbol cubierto que permanecía abierto durante todo el año, permitiendo que los niños jugaran incluso durante los inviernos escandinavos.
A diferencia de otros modelos, los equipos infantiles noruegos realizan pocos viajes y disputan la mayoría de sus partidos contra clubes cercanos, reduciendo costos y tiempo de traslado para las familias.
La apuesta del país también retrasa la selección de talentos. Los niños no son separados por nivel hasta los 13 años, bajo la idea de que todos deben tener las mismas oportunidades para desarrollarse antes de competir por un lugar.
Dos décadas después, ese modelo tiene como principal rostro a Haaland, quien lidera a Noruega en busca de hacer historia en la Copa del Mundo y representa el ejemplo más visible de un sistema que privilegia la formación antes que los resultados inmediatos.