¿ESTÁ LA IA VOLVIENDO FLOJO A TU CEREBRO?

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Monterrey, NL 24 agosto 2026.- Se ha vuelto tan sencillo acudir a la inteligencia artificial para pedirle ayuda con casi cualquier cosa: escribir un correo del trabajo, crear un diseño de publicidad, revisar la tarea de la escuela y hasta planear el menú de alimentación de la semana.

 Aunque esta tecnología puede ser un gran apoyo para ahorrar tiempo y esfuerzo, científicos ya investigan las consecuencias por depender de la IA: el cerebro se vuelve flojo y después podría costar hacer las cosas por cuenta propia.

 «Lo que no se usa se empieza a perder», afirma el neurólogo José Alfonso Meza Medina, del Departamento de Neurología en la Universidad de Monterrey.

 «A nuestro cerebro le vamos a dañar o lesionar a futuro porque vamos a depender tanto de la tecnología, que vamos a hacer que nuestras conexiones neuronales empiecen a socavarse, a disminuir».

 En el cerebro hay millones de neuronas que, al trabajar en conjunto, hacen posible funciones cerebrales tan importantes como prestar atención, orientarse, memorizar, comunicarse, tomar decisiones y planear.

 Las conexiones cerebrales se empiezan a formar desde antes del nacimiento y se siguen fortaleciendo a lo largo de toda la vida, conforme se realizan actividades que mantienen activo al cerebro, como leer y aprender cosas nuevas.

 Cuando se dejan de usar, esas conexiones se vuelven más débiles y, en algunos casos, puede ser difícil recuperarlas.

 «Todavía no existe una evidencia científica de que la inteligencia artificial provoque algún daño cerebral directo», aclara el neurólogo pediatra José Antonio Infante Cantú, del Centro de Epilepsia del Hospital Zambrano Hellion.

 «Sin embargo, el uso excesivo de esta herramienta puede provocar que no usemos con la frecuencia usual algunas funciones mentales.

 Disminuye la funcionalidad de los circuitos que son los responsables de esas funciones».

 Entre las que más pueden verse afectadas, ahonda, está la memoria de trabajo, el pensamiento crítico, el razonamiento lógico, la capacidad para escribir, argumentar y crear, e incluso prestar atención y planear tareas.

DEUDA COGNITIVA

 Con la llegada de los celulares, las personas dejaron de memorizar números telefónicos.

 Algo semejante ocurre con el GPS, que ha hecho a muchos conductores dependientes de esta tecnología y, según algunos estudios, ha provocado el debilitamiento del sentido de ubicación a la hora de navegar sin ayuda tecnológica.

 Se le llama deuda cognitiva al deterioro o a la falta de desarrollo de habilidades mentales, que sucede cuando el cerebro deja de esforzarse al delegar tareas de razonamiento en herramientas externas.

 De acuerdo con algunos investigadores, esto podría estar pasando con la inteligencia artificial.

 «Lo que preocupa es que por el uso y abuso (de la inteligencia artificial), las personas se acostumbren a utilizarla, y empiece alguna dependencia y ansiedad por no usarla», advierte el neurólogo Infante.

 «Que haya una disminución en la capacidad para hacer análisis o detectar errores, o para planear y organizar, (que puedan) generar menos ideas, que se atengan al uso de la inteligencia artificial para elaborar sus trabajos o (resolver) las dudas que tienen y no hagan un esfuerzo ellos mismos por buscarlo».

 Un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en 2025, encontró que los estudiantes que dependen por completo del ChatGPT para redactar sus ensayos presentan menor conectividad neuronal que quienes no lo usan.

 También detectaron que los usuarios de la IA mostraron una incapacidad casi total para recordar o citar frases de sus propios ensayos, minutos después de haberlos terminado.

 Esto es algo que también están estudiando investigadores de la UDEM, menciona el neurólogo Meza.

 Lo que han observado es que la representación del problema (identificar sus variables, comprender sus relaciones y pensar en cómo abordarlo) constituye una fase fundamental para el aprendizaje y la memoria.

 «La IA puede producir una respuesta correcta o bien estructurada, pero eso no significa necesariamente que el usuario haya construido una representación interna igualmente sólida del problema», ahonda.

 «La información puede quedar codificada de manera más superficial y ser más difícil de recuperar posteriormente».

CON CRITERIO

 Los científicos coinciden en que la pregunta no es si se debe o no usar la inteligencia artificial, sino cómo se utiliza.

 Algunos sugieren que, al emplearla con criterio, podría ayudar a estimular el pensamiento crítico.

 «La inteligencia artificial está hecha para que nosotros la usemos y complemente nuestras tareas, no para que sustituya todas las funciones», dice el neurólogo Infante.

 Aún son pocos los estudios que existen sobre el tema y los expertos coinciden en que se requiere más investigación.

 Pero enfatizan la importancia de no depender por completo de la IA para realizar las actividades cotidianas.

 Se recomienda hacer preguntas profundas, no aceptar todo lo que dice como verdad y mantener el juicio propio, dice el neurólogo Meza.

 «Lo deseable es que primero intenten comprender, representar y elaborar el problema por sí mismos, y que luego utilicen la IA como una herramienta para refinar sus ideas».

 La inteligencia artificial debería funcionar como un amplificador del pensamiento, no como un sustituto del proceso cognitivo que construye aprendizaje.

 También sugieren realizar de forma constante actividades como retos mentales, juegos de memoria, ejercicio físico, aprender cosas nuevas (como idiomas) y la lectura.

 «Aquellos niños que siguen siendo estimulados cognitivamente mediante la realización de sus propias tareas, con tener un razonamiento adecuado, con tener memoria, aprendizaje, lenguaje», advierte Meza, «van a sobresalir sobre aquellos que no».

 EFECTOS SECUNDARIOS

 Usar en exceso la IA podría afectar habilidades como la memoria y el razonamiento, y provocar:

 – Debilitamiento del pensamiento crítico.

 – Dificultades de razonamiento lógico.

 – Menor capacidad para atender y planear.

 – Problemas de memoria de trabajo.

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