Uriel Flores Aguayo

Cuando el PRD punteaba las tendencias hacia la gubernatura de Veracruz, se dio un hecho que cambió todo. Las aspiraciones públicas del Licenciado Ignacio Morales Lechuga (IML), fueron paradas abruptamente y ocasionaron un intenso debate interno que provocó un silencioso cisma en el partido del sol azteca.

Estamos hablando de los primeros meses de 1998. El PRD veracruzano venía de un espectacular resultado en las elecciones municipales de 1997, donde había ganado 59 Ayuntamientos, tan relevantes como Xalapa, Coatzacoalcos, Minatitlán, Papantla y Tuxpan, entre otros; las encuestas indicaban que podía ganar la gubernatura. Morales Lechuga, pretendía ser candidato externo y había consultado con los principales liderazgos nacionales; con el consentimiento tácito o expreso recorría el territorio estatal y sumaba a la mayoría de grupos y dirigentes locales del PRD.

Se notaba en el ambiente político la impresión de que el Licenciado Morales Lechuga, tenía las condiciones para llegar a la gubernatura. En el PRD local había un ánimo eufórico en lo general, con marginales expresiones adversas. Todo parecía encaminado a dicha candidatura, no había aparecido otra, y a obtener la gubernatura.

De pronto, a finales de febrero o principios de marzo, se cita al comité estatal a reunión con parte de la dirigencia nacional encabezada por Andrés Manuel López Obrador. El encuentro transcurría en calma y abierto análisis de la coyuntura estatal, sin que se cuestionaran de fondo las posibilidades de la candidatura de Morales Lechuga.

Estuve presente y me dio la impresión de que había consenso al respecto. No podíamos avanzar porque esperábamos al Ing. Cárdenas, que venía del extranjero. Entre recesos, ya avanzada la noche, llegó Cuauhtémoc e inmediatamente AMLO le dio la palabra: fue breve, dijo que no estaba de acuerdo con la posible candidatura de IML y que se retiraba. Se hizo un abrumador y desconsolado silencio, sepulcral; repuestos del impacto del veto implícito vinieron intervenciones duras, críticas y exigentes; recuerdo entre las más expresivas la de Manuel Huerta, que se quejó de ser visto como la generación banquito.

Todos esperábamos la postura de AMLO, quien cerró la reunión diciendo que el respaldaba a CCS y que renunciaría a la presidencia del PRD si hacíamos candidato a IML, dejando en el próximo congreso nacional la decisión final. Dicho congreso, el cuarto, tuvo lugar a finales de ese marzo, con un intenso debate que abarcó temas de enorme interés: la competencia del comité nacional y los márgenes de autonomía de los estados, así como los requisitos indispensables para las candidaturas externas. Se puso a consideración la candidatura de IML, con el apoyo mayoritario de los perredistas veracruzanos, pero con el rechazo de la mayoría de los congresistas; los primeros reclamaban su derecho a decidir, los segundos cuestionaban el pasado de IML como funcionario de seguridad en el gobierno de Salinas de Gortari.

La votación fue categórica: 417 en contra, 182 abstenciones y 23 a favor. Así concluyó la aventura de IML y el PRD veracruzano, la única oportunidad real en su historia que tuvo ese partido de ganar la gubernatura; soy de la idea que después de este tropiezo nunca se volvió a levantar en Veracruz hasta extinguirse en el 2025.

Morales Lechuga, terminó como candidato del PT y el Verde, quedando en cuarto lugar con un 6% de los votos. Mientras que el PRD postuló a Arturo Herviz, que alcanzó un 17.92 de los votos. Por su parte el PAN tuvo como candidato a Luis Pazos, con un resultado del 27.14%. El triunfador fue Miguel Alemán, del PRI, con el 48.96 % de la votación.

Como apunte final debo decir que reconozco no era fácil la decisión que el PRD debía tomar. Que los liderazgos nacionales pensaban en el perfil en términos de identidad y prestigio, mientras que los grupos locales más que nada querían ganar las elecciones, percibiendo que era la tendencia natural después del campanazo municipal del 97. Que nunca quedaron claros los motivos del Ing. Cárdenas para vetar a IML y que AMLO fue disciplinado con el entonces líder indiscutible del PRD. Ser testigo y actor de la historia ayuda a la memoria. Todo eso pasó antes del ascenso de otra izquierda al poder.

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