¡A CALLAR!
Pedro Peñaloza
Que nada nos limite. Que nada nos defina.
Que la libertad sea nuestra propia sustancia.
Simone de Beauvoir
El gobierno quiere silenciar los espacios que quedan de libertad para criticar y exhibir sus trapacerías. Por eso, ahora es prioridad callar a los comunicadores que se atreven a mostrar las corruptelas de la cúpula gobernante. Con poca imaginación y menos talento han echado a andar una campaña que supuestamente buscaría proteger a las audiencias e impulsar “controles que eviten los excesos”. Son grotescos.
Esta cruzada se encubre con un manto de “ética periodística” donde sean los propios medios quienes se regulen mediante un “defensor de las audiencias”, aunque en realidad esa opción no es la que interesa en Palacio. El fondo es que el gobierno busca colocarse como el gran censor, la “última instancia”, un órgano dependiente del régimen definirá lo que es aceptable y digerible para las audiencias, creando una gendarmería de la ética periodística.
La “magnanimidad” de Sheinbaum es espléndida y la muestra cuando dice en su Mañanera: “si quisiéramos censurar ya lo habríamos hecho. Tenemos todos los instrumentos para hacerlo, pero hemos preferido no hacerlo” (30 de julio). ¡Caramba! La representante del segundo piso de la transformación, la exactivista que luchó contra la imposición de la Rectoría, quien se proclama heredera del movimiento del 68, es ahora la misma que desde el inmune e impune poder presidencial hace un desplante propio de Díaz Ordaz, (¿se acuerdan de la “mano tendida” que ofreció ante los reclamos democráticos de los estudiantes?).
La intención es clara, dado el desprestigio de los liderazgos morenistas por su conexión con el narcotráfico, la opacidad en el presupuesto, el fracaso de las obras faraónicas y el mediocre crecimiento económico, se busca silenciar cualquier voz que atente contra su permanencia en el poder de cara a los próximos comicios de 2027.
La receta del autoritarismo es evidente, evitar que se expandan los descontentos sociales. El menú incluye dominar a los congresos, apoyar al Poder Judicial de los acordeones y obtener la máxima cantidad de gobernadores, y por supuesto, usar al INE y al Tribunal Electoral como legitimadores morenistas.
Tienen a todos los medios públicos convertidos en guaridas de apoyadores de las políticas gubernamentales, bajo la supuesta teoría de ser contrapeso a los medios neoliberales. Los que antes pedían libertad y diversidad de opiniones ahora impulsan la antiquísima estrategia de “apoyo total al gobierno”.Mercenarios en los medios públicos convertidos en guardianes de la verdad, defensores de esa versión dogmática que se dicta desde Palacio. La consigna hoy es: ¡a callar! Por cualquier medio y sin importar los costos.