REVALORAN RIQUEZA PLÁSTICA DEL BODEGÓN
Ciudad de México 11 julio 2026.- Las flores, los frutos, los animales inanimados y los objetos que artistas de los siglos 17, 18 y 19 plasmaron en bodegones no se reducen a elementos ornamentales: develan también aspectos como la religión, la estratificación social, la sexualidad y el erotismo.
Lo anterior se hace patente en La vida de las cosas. Naturaleza muerta y cultura material, exposición en el Museo Nacional de San Carlos que reúne obras de Francisco de Zurbarán, Agustín Arrieta, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y Josefa Sanromán, entre otros.
Se trata de una muestra que reivindica este género, considerado en el pasado como menor, destacó María José Rojas Rendón, curadora de la exhibición junto con Luis Gómez Mata, durante un recorrido.
«Los grandes nombres de la historia del arte, como Van Gogh, Frida Kahlo o Cézanne jugaron con el bodegón», subrayó Gómez Mata.
Rojas Rendón explicó que, en el siglo 17, la Academia de Francia relegó los bodegones -o naturalezas muertas- porque representaban objetos inanimados. En contraste, apreciaba las obras que remitían a sucesos históricos y heroicos.
«Señalaba que el género del bodegón era inferior porque representaba elementos inanimados, como la naturaleza muerta, animales, objetos manufacturados, plantas y se contraponían con los grandes personajes y las grandes hazañas».
Diversas academias en Europa y la Academia de San Carlos, en México, replicaron esa categorización, pero no todos la respetaron. En Puebla, por ejemplo, hubo una considerable demanda de bodegones, contrastó Rojas Rendón.
Durante mucho tiempo el bodegón, al catalogarse como género inferior, fue reservado a las mujeres, indicó Gómez Mata.
«Ellas no podían pintar desnudo, pintura de historia, pintura política, pintura religiosa, entonces tenían acceso al aprendizaje de la pintura de flores, de frutas, pero hay elementos que ellas pintaban y que tienen fuertes cargas asociadas con lo sexual, por ejemplo, con moralejas o con fábulas».
Además de lienzos de las artistas decimonónicas Josefa Sanromán y Eulalia Lucio, se exhiben ejemplos más cercanos en el tiempo, como los bodegones del siglo 20 de Olga Costa.
Si las frutas podían remitir a lo sexual, las flores podían referir múltiples emociones, prosiguió Gómez Mata.
«Todo el siglo 19 se conoció por el lenguaje de las flores, que tenían su significado. Existían manuales y diccionarios que indicaban, por ejemplo, que si se entregaba una rosa hacia arriba significaba ‘te amo’, si se entregaba al revés significaba ‘te odio’. Había flores asociadas con la muerte, con la vida, con el amor todavía hoy siguen significando las flores».
Maestros como Germán Gedovius se destacaron en la pintura floral, anotó el curador.
«Durante mucho tiempo, se dijo: ‘es un pintorcito de flores’, pero hoy es de los artistas más representativos de la tradición de la historia del arte».
Otro de los pintores destacados en la muestra es el español Mateo Cerezo, fallecido a los 29 años y cuyos bodegones se consideran excepcionales. Dos de ellos, uno con carne y otro con pescados, cierran la muestra en San Carlos y representan un alarde de pericia técnica, ponderó Gómez Mata.
«Vean las luces y sombras -los claroscuros- vean cómo ilumina los pescados, vean cómo se alcanzan a ver los materiales de metal y cómo se distinguen de los de barro, vean cómo se alcanza a ver el humo que sale de la cocina; fue un pintor muy, muy hábil que dejó pocos bodegones y curiosamente dos de ellos están en México y están en el Museo de San Carlos cerrando la exposición».
La vida de las cosas. Naturaleza muerta y cultura material exhibe 140 obras de 15 colecciones en cinco ejes temáticos, a través de los cuales se abordan los orígenes del género, las frutas y verduras, las flores, los animales y las manufacturas.
Rojas Rendón y Gómez Mata comentaron que, a pesar de haber sido considerado históricamente como un «género menor» en comparación con el retrato o la pintura de historia, grandes museos internacionales, como el Louvre de París, el Museo del Prado de Madrid y el Rijksmuseum de Ámsterdam, han dedicado importantes esfuerzos a su revaloración.
La exhibición abre al público este domingo 12 de julio y permanecerá hasta al 10 de enero de 2027 en el Museo Nacional de San Carlos (Avenida México Tenochtitlán 50, colonia Tabacalera).