Agencia Reforma

Guadalajara, Jalisco 13 febrero 2026.- La Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ) dejó por unas horas la solemnidad del Teatro Degollado y debutó la noche del jueves en el escenario del Laboratorio de Artes Variedades (LarVa).

El foro alternativo, con sus 350 butacas ocupadas, se convirtió en un espacio de cercanía. No hubo palcos ni distancia marcada: el público, integrado en parte por adultos mayores y personas con discapacidad, escuchó a la orquesta casi a la altura de los atriles, como parte de la iniciativa denominada Concierto Social.

Bajo la dirección invitada de Inés Rodríguez, la velada arrancó a las 20:42, con La «Obertura a Isabella», de Franz von Suppé, un inicio con energía y marcando un tono festivo.

Con una breve descripción de cada obra como preámbulo, Rodríguez dirigió también la «Suite de Sylvia», de Léo Delibes y la «Obertura a Juana de Arco», de Giuseppe Verdi.

La parte final del programa fue la más experimental y contemporánea con la primera audición con la OFJ de la «Pequeña Suite Mexicana», de la compositora sonorense Nubia Jaime Donjuan, escrita en 2022 por encargo de Brian Messier para el Conjunto de Viento del Dartmouth College, una de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos.

La obra, que toma como punto de partida una reflexión de la escritora francesa Simone de Beauvoir sobre el diálogo invisible de los árboles cuando sopla el viento, propuso un recorrido por distintas especies emblemáticas de México a través de géneros musicales tradicionales.

Dividida en seis movimientos, la suite abrió con «Ahuehuete», inspirado en el árbol del Tule, en Oaxaca. La música evocó el sonido de las bandas de viento de ese estado. «Mezquite» se apoyó en la polca norteña y exploró matices con un oboe que asumió un papel protagónico.

En «Ayacahuite», la autora enlazó sones de Jalisco con el vaivén del vals y ecos de los sones itsmeños, que la orquesta incorporó con efectos que sugirieron lluvia y otros sonidos de la naturaleza.

El cuarto movimiento, «Sahuaro», concebido como danzón en homenaje a su maestro el compositor sonorense Arturo Márquez, la compositora nacida en 1984, retrató al cactus gigante del desierto sonorense con un pulso rítmico que evocó el sonido del güiro; fue en ese momento que Rodríguez invitó a los presentes a parara a bailar danzón, aunque solo una pareja se levantó de sus asientos y convirtió por unos minutos, el foro en una pista para mover los cuerpos.

«Cacalosúchil» dialogó con el huapango y con recuerdos de infancia de la propia autora, aludiendo a vainas secas convertidas en maracas y a un saxofón que insinuó el aroma de sus flores, como ella misma lo ha explicado.

Finalmente, «Ceiba» retomó ritmos movidos como el chachachá y el mambo para cerrar con un gesto festivo que celebró la memoria y las raíces mexicanas.

A lo largo de la velada, el público aplaudió al ensamble jalisciense y siguió con atención el programa, que aunque compacto, logró una prolongada ovación al final.

La velada se repetirá este domingo a las 12:30 horas en el foro ubicado en la esquina de Avenida Juárez y Ocampo, aunque el cupo ya está lleno.

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