El cineasta mexicano convirtió festivales, alfombras rojas y eventos de Netflix en auténticas reuniones mexicanas.

SUNDANCE.- Durante una celebración en el Festival de Cine de Sundance 2026, Guillermo del Toro se robó el show sin monstruos ni efectos especiales. Bastaron tortillas hechas a mano, tacos con aguacate y un mariachi para que el evento de Netflix, por la restauración en 4K de Cronos, se sintiera más como una fiesta mexicana que como un acto de industria.

El momento se volvió viral cuando el director no sólo sirvió los tacos, sino que también se animó al palomazo con clásicos como “Cielito Lindo” y “México Lindo y Querido”, dejando claro que su amor por el país no es discurso de premiación, sino costumbre diaria.

Y no fue un caso aislado. En Hollywood, durante la promoción de Frankenstein, Del Toro organizó un desayuno con café de olla y pan dulce, acercando a actores, prensa y productores a un pedacito de México, sin filtros ni poses.

A lo largo de su carrera, el cineasta ha repetido el mismo mensaje con hechos: ondeó la bandera mexicana al recibir su estrella en el Paseo de la Fama, impulsa la Beca Jenkins-Del Toro para apoyar a jóvenes cineastas mexicanos y creó El Taller del Chucho en Jalisco para formar talento nacional en animación.

Guillermo del Toro no exporta sólo cine: exporta identidad. Y donde esté, Sundance, Los Ángeles o una alfombra roja, México siempre va primero.

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