ENRIQUECE OBRA DE MEXIAC ACERVO DEL ESTANQUILLO

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Agencia Reforma

Ciudad de México 13 enero 2026.- Los grabados realizados por Adolfo Mexiac (1927-2019) para la Confederación de Trabajadores Mexicanos (CTM) son el foco de la nueva exposición en el Museo del Estanquillo dedicada al artista michoacano y su tiempo.

 Nunca antes exhibidos -aunque algunos fueron publicados en los órganos de difusión de la central obrera fundada en 1936-, proceden de la donación hecha al recinto por Patricia Salas, viuda del creador, de 545 obras.

 Adolfo Mexiac y su tiempo, curada por Rafael Barajas, «El Fisgón», permite revisar con mayor amplitud a uno de los grabadores mexicanos más comprometidos del siglo 20.

 «Nosotros estamos exhibiendo más o menos la mitad (del conjunto donado)», comparte Alejandro Brito, director del Estanquillo, en entrevista.

 «Son grabados que hacen alusión sobre todo a la defensa de los derechos laborales, a la agenda obrera de entonces, pero que muchos tienen mucha actualidad».

 Era una CTM más combativa, «antiimperialista y antifascista», refiere Brito, al ubicarla en el contexto de la posguerra.

 Entre esas imágenes aparecen demandas como la jornada laboral de 40 horas, la defensa del petróleo y de la energía eléctrica como recursos de la Nación, o la denuncia del imperialismo estadounidense en América Latina.

 Exigencias que, décadas después, mantienen su vigencia.

 Al respecto, Brito se refiere, por ejemplo, a la reforma laboral que busca reducir de 48 a 40 horas la jornada semanal y la reciente intervención estadounidense en Venezuela.

 El conjunto destaca, además, por su calidad formal.

 «Cuando el arte tiene la intención de la denuncia puede caer en el panfletismo, pero estos grabados salen airosos precisamente por la calidad artística de Mexiac», subraya.

 Mexiac se inició en el grabado a partir de su incorporación en el Taller de Gráfica Popular (TGP) en 1949, por invitación de Pablo O’Higgins e Ignacio Aguirre.

 «Cuando me incorporé al Taller de Gráfica Popular no tenía ninguna experiencia en el grabado, por lo que empecé haciendo litografía, consistente en dibujar sobre una piedra, y todo el proceso técnico lo hacía José Sánchez», contó el artista en su discurso de ingreso a la Academia de Artes en 1997.

 «Después de varios meses de estar en estas condiciones, alguno de sus miembros, tal vez Mariana Yampolsky, se acercó a mí para invitarme a pertenecer formalmente al grupo; desde luego, acepté».

 Como documenta Helga Prignitz Poda en El Taller de Gráfica Popular en México, 1937-1977, este grupo apostó por la producción colectiva, la circulación masiva y la claridad del mensaje visual.

 Mexiac militó en el Partido Comunista Mexicano al igual que su mentor, José Chávez Morado, y varios integrantes del TGP.

 «Él continúa con una tradición del arte comprometido en México que abrevó de los caricaturistas de finales del siglo 19 y principios del 20 que publicaron en El Ahuizote y El hijo del Ahuizote, ligados a la lucha de los Flores Magón, y después continuó con el Taller de Gráfica Popular», recuerda Brito.

 Mexiac, al igual que su fundador, Leopoldo Méndez, junto con O’Higgins, Yampolsky, Alberto Beltrán e Iker Larrauri, se alejaron del TGP en 1960 debido a una «lucha política intestina», según registró la crítica de arte Raquel Tibol.

 En la exposición se incluyen obras de algunos de sus contemporáneos, como Beltrán, para situar su trabajo en ese contexto de colaboración y militancia gráfica.

 Conformada por 348 piezas, entre grabados, pinturas, fotografías, dibujos, tapices, carteles y libros, la muestra se organiza como una revisión cronológica por la trayectoria del michoacano.

 El recorrido propone una visión amplia que incluye facetas menos conocidas del artista, como la fotografía, el trabajo pedagógico y sus incursiones tardías en otros medios como la cerámica o el textil.

 «Nuestra exposición en ese sentido es más integral, de todo el trabajo que hizo», asegura Brito. «No sólo apreciamos su trabajo como grabador, que es la parte más conocida de su producción, sino también estas otras facetas que han estado menos expuestas».

 Más allá del grabado, uno de los apartados menos conocidos y más reveladores es el dedicado a la fotografía, de la que se exponen varios ejemplos. Se trata de material prácticamente inédito.

 Imágenes de escenas rurales, rostros indígenas y paisajes campesinos que, en muchos casos, funcionaron como apoyo visual para su obra, pero que también revelan su interés por la imagen como medio de expresión autónomo.

 Esas fotografías fueron cedidas por la viuda de Mexiac para la muestra, pero no forman parte de la donación, hecha en 2025.

 Otra sección revisa su labor en el Instituto Nacional Indigenista (INI), donde produjo ilustraciones y materiales pedagógicos dirigidos a comunidades rurales.

 Mexiac, de origen campesino, nacido en Cuto de la Esperanza, mantuvo un vínculo constante con ese mundo.

 En ese periodo coincidió con el escritor Juan Rulfo, entonces director editorial del INI, y participó en una línea de trabajo que buscaba comunicar de manera clara y directa.

 La muestra también recupera su participación activa en el movimiento estudiantil de 1968. Allí aparece su imagen más célebre, Libertad de expresión, convertida en ícono tras ser retomada por los estudiantes, pero también otros grabados de ese año.

 A diferencia de algunos de sus compañeros del TGP, Mexiac se involucró de lleno en la causa.

 «En su casa se siguieron imprimiendo muchos de estos materiales del 68», recuerda Brito.

 El recorrido se completa con obras de etapas posteriores: óleos, acuarelas, textiles, cerámica y dos autorretratos, uno de los años 70 y otro de los 90, que abren la exposición y marcan el paso del tiempo en el rostro del artista.

 El cierre lo da el boceto del mural Las constituciones de México, realizado en madera y ubicado en el Palacio Legislativo de San Lázaro.

 Adolfo Mexiac y su tiempo permite adentrarse en la más reciente adición al acervo del museo.

 «A Carlos Monsiváis (cuyas colecciones conserva el Estanquillo) le gustaba mucho el arte testimonial, y el de Mexiac es un arte testimonial muy importante», destaca Brito.

 La exposición será inaugurada este sábado 17 de enero, a las 12:00 horas, en Isabel la Católica 26, Centro Histórico.

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