Agencia Reforma

Monterrey, NL 6 enero 2026.- Desde 1931, México reconoce a las y los profesionales que brindan a los pacientes cuidado integral y atención clínica con guía médica.

CALOR DE MADRE

Érika Abigail Díaz Castellanos es enfermera en una de las áreas más sensibles del Hospital General de Zona No. 6 del IMSS, en San Nicolás, la de bebés prematuros, donde se encarga de los estrictos cuidados para que un recién nacido alcance talla, peso y condiciones necesarias para dejar el hospital e irse con su familia.

«Mi mayor satisfacción es que los papás se lleven a su bebé con la seguridad de que va a estar bien, porque se van educados para sus cuidados», comentó esta enfermera de 42 años de edad.

Son pequeños que apenas empiezan su vida y lo hacen con dificultades, por lo que Érika reconoce la capacitación especializada que recibe en el IMSS para ejercer su trabajo.

«Si veo que un bebé está llorando, no puedo dejar que me llore porque pierde calorías, pierde peso. Tengo que hacer como las mamás cuando llora su bebé, cargarlo y darle el calor, darle ese calorcito.

«Es un paciente que necesita de muchos cuidados porque tienes que valorar signos vitales a cada hora, estarlo observando, porque con su inmadurez pueden deteriorarse. La enfermería para mí es amor, respeto a la vida y la fortaleza de un hospital».

Egresada de la Escuela de Enfermería del IMSS, Érika trae la vocación en las venas. Su abuela fue partera y su madre, enfermera. Fueron ellas su ejemplo en la entrega a un trabajo que requiere de mucha exactitud, pero también de gran sentido de empatía.

La enfermera rememora las bases de la enfermería dejadas por Florence Nightingale: ser firmas y muy humanas.

«Mi invitación hacia las enfermeras es que sigamos fortaleciendo, preparándonos y creciendo en ese amor que tenemos hacia la atención, hacia la empatía que debemos de tener hacia las personas».

CON CUIDADO COMPASIVO

Aunque la mayoría del personal de enfermería sigue integrado por mujeres, poco a poco los hombres también eligen esta profesión.

Cristian Alfredo García Herrera es uno de ellos. Trabaja en el Christus Muguerza Hospital Alta Especialidad.

Cuenta que parte de su motivación nació desde muy joven, cuando acompañaba a su abuelita a consultas por la diabetes y la ayudaba con sus medicamentos.

«Íbamos al hospital, eso me fue acercando como a decir: ‘¿sabes qué? Yo me quiero dedicar a esto'», recuerda este enfermero de 26 años de edad y egresado del Conalep II Dr. Eduardo Macías Santos.

En estos años de ejercicio ha aprendido que, además de los medicamentos, es importante hacer sentir seguro al paciente, una perspectiva que lo ha llevado a ganar dos veces el Premio DAISY, que reconoce a personal de enfermería por sus cuidados compasivos extraordinarios.

Para este reconocimiento son los mismos pacientes quienes hacen las nominaciones.

«Hay una idea de que los enfermeros somos fríos», comenta Cristian Alfredo, «pero realmente nos preocupamos mucho por los pacientes. Todo lo que hacemos es para el bienestar de ellos. No somos tan fríos como mucha gente cree».

AÚN HAY BRECHA

Existe un avance en el reconocimiento social y profesional de la enfermería, especialmente después de situaciones críticas como la pandemia de Covid-19, cuando quedó visible su impacto esencial, afirma María Juana Sánchez Hernández, directora de Enfermería de TecSalud.

«Sin embargo, considero que aún existe una brecha importante entre el reconocimiento enunciativo y el reconocimiento real.

«Todavía tenemos oportunidades importantes en términos de mejores condiciones laborales, aunque se ha avanzado. Aún es poca la participación en decisiones estratégicas, remuneración justa, desarrollo profesional y programas de reconocimiento y bienestar», considera.

La valoración cultural debería traducirse en acciones concretas que fortalezcan la dignidad, la autonomía y el liderazgo de la enfermería, indica la directiva.

La enfermería ha evolucionado de manera significativa.

«No solo ejecuta cuidados, sino que lidera procesos, gestiona riesgos, participa en acreditaciones, utiliza tecnología de punta y contribuye directamente a los resultados clínicos y a la experiencia del paciente», comenta Sánchez Hernández.

«La profesionalización, la certificación de competencias y la especialización han fortalecido nuestro rol como pilar estratégico de las instituciones de salud».

El principal reto del personal de enfermería hoy, apunta, es lograr, y esto aplica a todo personal de salud, un equilibrio entre la alta demanda asistencial, cada vez más compleja y altamente especializada, con el bienestar propio del profesional.

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