LUCES Y SOMBRAS DE ANTONIO MOHAMED
Agencia Reforma
Ciudad de México 19 diciembre 2025.- De teñirse el pelo y llenar de colorido a un equipo como Toros Neza, Antonio Mohamed cristalizó el aprendizaje que adquirió como jugador para llevarlo a las canchas como entrenador, dejando un legado importante en el futbol mexicano, como uno de los técnicos más ganadores.
Nació en Buenos Aires hace 55 años y desde que tenía uso de razón, su vida estuvo ligada a una pelota, a los 17 años se hizo de un lugar en el Atlético Huracán que estaba en la Primera B, siempre se distinguió por su excelente técnica y inteligencia en el terreno de juego, para leer a la perfección los partidos, sabía donde poner la pelota para hacer daño y contaba con un toque privilegiado.
En 1993 hizo su aparición en el futbol mexicano con Toros Neza, el equipo en el que dejó profunda huella, fue dirigido por Carlos Reinoso y Enrique Meza, con el que llegó a la Final en el Verano de 97. El infortunio lo llevó a perder este título.
Después se fue a Monterrey, jugó para el Atlante, Irapuato y Celaya, pero con ninguno levantó la Copa.
Como entrenador inició en el 2003 con el Zacatepec y su primer título llegó en el Apertura 2012 con los Xolos, dos años después vino la corona con el América, y para el 2019, en su segunda época con Rayados, finalmente se alzó con el campeonato; ahora es Bicampeón con Toluca y se codea con estrategas de la talla de Manuel Lapuente y Víctor Manuel Vucetich, amén de que está a dos títulos de alcanzar a Nacho Trelles.
Es un hombre creyente, devoto de la Virgen de Guadalupe, que encontró en Dios la fortaleza para vivir con el corazón roto por la muerte de su hijo Farid, un suceso que marcó un antes y un después en su vida.
Durante el Mundial de Alemania 2006, un auto embistió el vehículo en el que viajaba con su pequeño de 9 años y el niño falleció. Durante años puso un rosario en la banca en la que dirigía, había prometido hacer campeón a Rayados, equipo del cual eran fanático Farid y en 2019 cumplió su promesa.
En sus años como jugador tuvo problemas con la báscula, en cada equipo al que llegaba tenía que apegarse a un plan alimentario para bajar de peso, quitando de su dieta las cosas que más le gustaban.
Siempre fue un jugador con ascendencia, le gustaba hacer grupo y más tarde trasladó esa bonhomía a los clubes que entrenó, pero así como es un buen amigo de sus jugadores también puede ser cruel cuando algún elemento no le agrada o siente que desafía su autoridad, como le ocurrió con Paul Aguilar en el América o Nicolás Freire con Pumas.
Aguilar cometió una indisciplina durante la Liguilla del Apertura 2014 y el «Turco» pidió su cabeza, no lo quería ni ver. Ricardo Peláez, presidente deportivo del América, abogó por el lateral y lo colocó de vuelta en el plantel, muy a su pesar, pues incluso el jugador lo retó diciéndole que él también faltaba al reglamento interno, pues a cada rato se iba a Argentina sin avisar.
A Freire le hizo la ley del hielo y ninguno de los jugadores de Pumas podía cruzar palabra con el zaguero, quien entrenaba por separado hasta que lo transfirieron al futbol griego.
Fue capaz de rescatar emocional y futbolísticamente a un hombre como Alexis Vega, pero no pudo influir para que Juan Ignacio Dinenno fuera un goleador productivo con Pumas, el delantero terminó dolido y en la banca, pidiendo su salida cuando le tocó el ego.
El primer gran abrazo que dio Mohamed cuando Toluca se proclamó bicampeón fue para su hija Mayra, quien siempre ha estado cerca de él para darle estabilidad y amor.
Viene una nueva etapa con los Diablos Rojos, quiere un tricampeonato, algo que solo André Jardine logró con el América, habrá que ver hasta donde llega Mohamed con un equipo que juega por nota.