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PARIS.-  Más allá de los turistas y selfies frente a la Mona Lisa, últimamente el Museo del Louvre vive una pesadilla de mantenimiento: una fuga de agua en su ala de antigüedades egipcias dejó un reguero literal de problemas. Se reportan entre 300 y 400 libros antiguos -ejemplares viejos de finales del siglo XIX y principios del XX- afectados por la inundación en la biblioteca del ala Mollien.

El agua brotó de tuberías vetustas -algo que ya se sabía- y empapó estanterías, moquetas y documentos. Aunque desde la administración dicen que los textos “no son joyas insustituibles” y que al menos algunos podrían rescatarse tras un proceso de secado, expertos advierten que podría perderse información valiosa para la investigación en egiptología.

Pero la gotera no cayó sola. Este suceso se suma a una cadena de fallas graves: el robo de joyas de la corona francesa en octubre, el cierre parcial de galerías por problemas estructurales, y quejas crecientes del personal sobre el abandono del recinto.

Por eso, los trabajadores del Louvre -vía sindicatos como CGT, CFDT y SU- lanzaron una huelga con posible inicio el 15 de diciembre, exigiendo inversiones urgentes en mantenimiento, más personal y un cambio real en la administración.

Así que la próxima vez que veas la pirámide iluminada, piensa que detrás del glamour también hay grietas, filtraciones y voces que piden que se les ponga ojo de verdad.

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