VIOLENCIA PSICOLÓGICA
UNO MENOS
Salvador Farfán Infante
La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (2007) la define como “cualquier acto u omisión que dañe la estabilidad psicológica, que puede consistir en: negligencia, abandono, descuido reiterado, celos, insultos, humillaciones, devaluación, marginación, desamor, indiferencia, infidelidad, comparaciones destructivas, rechazo, restricción a la autodeterminación y amenazas, las cuales conllevan a la víctima a la depresión, al aislamiento, a la devaluación de su autoestima e incluso al suicidio.
La violencia psicológica no es tan clara como la física, porque los diversos actos son percibidos dependiendo de su contexto cultural; sin embargo, en cualquiera de sus formas afecta de manera importante la autoestima de las personas que la sufren. Por ejemplo, lo que para una persona puede ser agresión con ciertas palabras, para otra no; un acto de violencia psicológica puede ser ignorar lo que una persona habla, o bien expresarle desaprobación o burla con gestos, a fin de humillarla o avergonzarla. Actitudes que generan frustración, tristeza, inseguridad y autodevaluación.
Es difícil enumerar todos los actos que constituyen el maltrato psicológico por la dificultad para identificarlos en las diferentes culturas. Por ejemplo, el estudio Multipaís de la OMS (2005) sobre salud en la mujer y violencia doméstica, realizado en diez países, incluye como actos de violencia psicológica: ser insultada o hacerla sentir mal con ella misma; ser humillada delante de los demás; ser intimidada o asustada; gritarle o arrojarle objetos; ser amenazada de daños físicos hacia ella o alguien importante para ella.
Por ejemplo, la intimidación: ¿en alguna ocasión se ha sentido intimidada por la simple mirada de su papá, hermano o esposo?, ¿se ha dado cuenta de que no han sido necesarias las palabras para que usted sepa qué le están queriendo decir con ese tipo de mirada? Pues esa es una forma de amedrentar, de prohibir, de no permitir la libre toma de decisiones, y es en sí un modo de violencia.
En cualquiera de sus formas, la violencia deja graves secuelas en la salud mental de quien la padece y además en el desarrollo físico de los niños. Existen estudios que muestran que esta situación se refleja en el crecimiento del niño, el cual es menor al promedio esperado de acuerdo con su edad.
Aunque no existe una clasificación única de los actos de la violencia psicológica, estos abarcan los actos y las omisiones repetitivas cuyas formas de expresión pueden ser prohibiciones, coacciones, condicionamientos, intimidaciones, amenazas y actitudes devaluatorias y de abandono, que provocan en quienes las reciben deterioro, disminución o afectación de la estructura de personalidad. Linares (2002) explica que la descalificación, la desconfirmación y la mistificación son formas de violencia psicológica.
La descalificación se refiere al acto en que el agresor resta autoridad, valor y credibilidad a otra persona. Puede ser considerar a una persona como “tonta”, tratarla como inmadura y tomar decisiones sin consultarle, u oponerse constantemente a sus pensamientos y decisiones, haciéndole sentir sin valor o capacidad para realizar ciertas actividades o proyectos.
Una situación común de descalificación en la familia ocurre cuando se otorgan permisos a los hijos. Alguno de los padres autoriza una solicitud de permiso a un hijo y el otro lo desautoriza, argumentando que es una mala decisión, lo cual descalifica la autoridad del primero.
La desconfirmación es otra forma de violencia psicológica, y consiste en que además de restar validez a alguna afirmación o decisión de una persona, se ignora su presencia, se le niega la posibilidad de opinar, sin tomar en cuenta que existe.
Todas las formas de violencia tienen el objetivo de restar poder a otra persona, y de obtener una posición de mayor jerarquía en la relación, ya sea con la pareja, en el grupo familiar, laboral o de pares.
Este tipo de violencia psicológica es tanto verbal como no verbal a través de posturas, gestos, miradas, movimientos corporales o expresión de emociones, por ejemplo, una risa burlona.
En muchas ocasiones ni siquiera se escucha a la otra persona, o no se responde a sus opiniones; se considera que simplemente no tiene capacidad para opinar o emitir ideas o juicios que pudieran ser aceptados; esto es, “deja de existir”, “lo que pienses o digas no será importante, ni tomado en cuenta”.
La mistificación como forma de violencia psicológica es una manera discursiva de representación falsa; la intención es confundir, ofuscar, ocultar, encubrir lo que realmente está ocurriendo en la relación o en la familia.
En ocasiones se trata de prevenir o resolver una diferencia de opinión, una contradicción, una incompatibilidad de formas de ver algo, confundiendo la memoria o el pensamiento de la otra persona: “lo debes haber soñado”, implica la acción de una persona sobre la otra cuando una niega algo, busca hacer que la otra lo niegue también. Se utilizan frases como: “no es más que tu imaginación”, “inventas las cosas”, “son tus nervios”.
La mistificación funciona para mantener papeles estereotipados, a fin de que hombres y mujeres, de cualquier edad, condición social y país, continúen reproduciendo estos modelos de conducta.
Fuente: Violencia Familiar y Adicción. CIJ