PRIMER AÑO
Pedro Peñaloza
“Para manipular eficazmente a la gente,
es necesario hacer creer a todos que nadie los manipula”.
John Kenneth Galbraith.
Claudia Sheinbaum arriba a los primeros 12 meses de su mandato. Lo hace ostentando su sello en la forma de ejercer el poder sexenal. Sin embargo, llegó a Palacio con una huella indeleble, la imposición de López Obrador.
En efecto, la “competencia” que se inventó para aparentar que había un proceso democrático en la elección morenista fue una mascarada a la que se prestaron Ebrard, Augusto, Monreal y Fernández Noroña.
Sabían que la decisión estaba tomada, pero asumieron su papel de sparrings en la comedia. Hasta Ebrard denunció que se había usado al aparato gubernamental para favorecer a la activista, fiel a su estilo no fue más allá y calló por un puesto en el gabinete. Ahora, el flamante secretario de Economía llena de elogios a su jefa. La cultura priista no ha muerto, la llevan en el ADN.
En su primer año, Sheinbaum no modificó los pilares que heredó de su inventor, a saber, la militarización y la alianza con los ultrarricos. Su combate a la delincuencia organizada es espectacular y con múltiples reflectores, pero ineficaz. Se repite la insistente y fallida práctica de descabezar organizaciones delictivas, pero no desarticularlas. Quizá un ejemplo pedagógico es Sinaloa, cuyo saldo es desastroso, no obstante, la intensa movilización de fuerzas policiales y castrenses.
En realidad, su política criminológica está orientada a tratar de impresionar a los vecinos del norte, por eso Harfuch enaltece las cifras de detenidos, aunque sean simples fuegos de artificio. El corazón de la ineptitud-complicidad gubernamental es su falta de detenidos de la clase política, no obstante, las pruebas que existen de gobernadores y funcionarios en distintos niveles involucrados y abiertamente vinculados a los circuitos de la delincuencia organizada.
Y qué decir de la relación de la presidenta con los segmentos de la alta burguesía, a quienes les brinda acceso privilegiado en obras y licitaciones. Por supuesto, no se les ocurra molestar a los miembros del décimo decil ni con el pétalo de una reforma fiscal, que pudiera afectar su tasa de explotación y obscenas ganancias.
En materia de corporativismo y clientelismo el libreto se mantiene intacto. Ahí están miles de millones de pesos en el presupuesto de egresos para comprar voluntades, para el acarreo y las votaciones. Para cerrar su balance anual, la presidenta se siente orgullosa de las elecciones del poder judicial y de la ley de amparo. Todo lo anterior la describe. Primer año de simulación y de autoritarismo. Únicamente falta su reforma electoral para cerrar el círculo despótico.