¿Y SI BERMÚDEZ CUENTA TODO?
Pedro Peñaloza
“No creo que cuestionar las cosas sea una enfermedad.
La obediencia ciega sin cuestionamientos es la enfermedad”.
Baruj Spinoza
Desde que se destapó la cloaca de la corrupción en Tabasco se han planteado diversas hipótesis. Recordemos, que Hernán Bermúdez, ex secretario de seguridad pública en aquella entidad fue expulsado y sometido a un larguísimo viaje de Paraguay al Penal del Altiplano, con un tiempo suficiente para especulaciones. Primera sospecha.
La pieza central de este rompecabezas es Adán Augusto López, Gobernador que puso a Bermúdez como cabeza de la seguridad en su estado. Él sostiene que no tenía conocimiento de las actividades delictivas de su subordinado, y aún como secretario de Gobernación, teniendo información de inteligencia, nunca se enteró.
Para calmar el aluvión de críticas, desde la Mañanera han intentado exculparlo, y de paso proteger también al expresidente López Obrador, con un discurso que raya en el ridículo comparándolo nuevamente con el caso Calderón-García Luna. Pero siguen saliendo pruebas.
Ahora se sabe, que antes de ser nombrado secretario de seguridad en Tabasco, Hernán Bermúdez negoció con líderes del narco tabasqueño para evitar disturbios en la elección de gobernador en 2018 y “ganara sin contratiempos Adán Augusto López”, de acuerdo con lo dicho a la FGR, por el secretario particular del jefe policiaco, ahora testigo colaborador (Reforma,19/sep/ 25, p.1).
La alcantarilla maloliente dejó a cielo abierto la protección que se le brindó a Bermúdez desde diciembre de 2018. Después de la captura del líder “Pelón de Playas”, grupo delictivo del estado, toma el control y lo convierte en “La Barredora”, hecho que coincide con el arranque del gobierno de Adán Augusto López, y cuyo invitado en la toma de posesión fue López Obrador (El Universal, 19/sep/25, p. 6).
Hay confesiones en las carpetas de la FGR, existen datos de prueba que muestran la feria de complicidades en las que está implicado Adán Augusto. Las ficciones para tratar de desviar su responsabilidad y deducir que Bermúdez actuó sólo y que nadie sabía que secuestraba, imponía derecho de piso, traficaba y distribuía huachicol, es grotesco y absurdo.
Es evidente, que la doctrina de la mafia sigue siendo el catecismo que están practicando en el círculo íntimo del obradorismo y que la presidenta la está asumiendo por sobrevivencia política y temor a la ira del señor de Palenque. Proteger a los jefes reales de la maquinaria corrupta tabasqueña comparte narrativa con el llamado huachicol fiscal. En el caso que hoy tratamos, existe una variable fuera de control: la reacción que tendrá Bermúdez. ¿Si asume los cargos solo o decide confesar todo lo que sabe?