“La educación no cambia al mundo:

cambia a las personas que van a cambiar el mundo”.

Paulo Freire

Pedro Peñaloza

Dentro las complejidades de vivir en contextos donde predomina la desigualdad y la pobreza, son las infancias y juventudes quienes padecen los peores efectos transgeneracionales.

Más allá de la política social oficial, que únicamente distribuye placebos y aspirinas sociales para maquillar la realidad y adormecer el coraje de justicia, existen elementos que forman parte de una constelación de problemas que no son atendidos por el partido en el poder.

El reciente reporte del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), realizó una interesante radiografía que asocia el nivel educativo y geografía de las familias con el escalamiento en los niveles de vida y bienestar de los jóvenes mexicanos.

Veamos algunos datos: sólo 9% con padres que estudiaron hasta primaria o menos alcanzan estudios profesionales; 33% de los hijos de padres con primaria o menos permanecen con el mismo nivel educativo; es 7 veces más probable que alguien alcance estudios superiores si sus padres cuentan con un nivel educativo alto.

En el plano regional también se muestran los contrastes, por ejemplo, “en el sur del país, 64 de cada 100 personas que nacen en el escalafón socioeconómico más bajo se quedan ahí, mientras que en el norte son 37”, precisó Roberto Vélez, director ejecutivo del CEEY (Reforma, 30/06/25, p.3).

Esto derrumba el argumento de que todos tienen las mismas oportunidades de acceder a mejores niveles de vida, haciendo abstracción del origen y contexto, como si fuera cuestión de simple voluntad. Otro elemento es la fragilidad en la niñez de ser víctimas de violencia: de enero a mayo del presente año fueron asesinados 314 menores de edad, un promedio de dos víctimas al día. La mayoría con disparos de arma de fuego en Guanajuato, Michoacán, Sinaloa y Baja California (Reforma, 29/06/25, p.3).

Para cerrar esta primera aproximación, resulta que la transmisión del VIH/sida en México aumentó 70% en la última década. Una epidemia que se mantiene sobre todo entre los jóvenes de 20 a 29 años, rango en el que se diagnosticaron 40% de los casos (La Jornada 27/06/25, p.8).

Este panorama puede enfrentarse si se aplican políticas integrales y transexenales, dejando atrás clientelismo y cortoplacismo que mantiene a México entre los 10 países con mayor desigualdad de oportunidades, de acuerdo a la London School of Economics. La tarea, más allá de becas y tarjetas, es salir del peor de los mundos en un camino que atienda las verdaderas causas: la falta de oportunidades, educación integral y la desigualdad estructural.

@pedro_penaloz

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