MERCADO JAMAICA VISTE COLOR POR TRADICIÓN
Ciudad de México 23 octubre 2026.- Figuras de cartón, dulces tradicionales y diferentes flores de cempasúchil llenan de tonos intensos los pasillos del Mercado Jamaica.
El suelo abarrotado del Mercado de Jamaica ha comenzado a tapizarse de anaranjado.
Debajo de las pisadas, entre el ir y venir de los diablitos de carga y los vehículos, delgadas líneas de pétalos de cempasúchil delinean senderos efímeros, huella de capitalinos que, entre manos llenas, pocas veces logran evitar que el rebote del paso deshoje alguna flor durante el camino.
En el aire flota el olor a incienso de copal; prendidos del techo, huesos de cartón dan forma a ejércitos de esqueletos adiamantados, fluorescentes, cornudos, blancos y multicolor.
De cara a la temporada de Día de Muertos, el reto para cada locatario es hacerse notar entre la marea de oferta.
Israel Yáñez, por ejemplo, ha dedicado toda su vida a la venta de fruta.
«Tengo 45 años, toda la vida hemos estado aquí, desde pequeños. Nuestra cuna era una caja de plástico, donde se transportaban antes las naranjas, ahora ya son más chicas, pero antes eran como de un metro y mis padres ahí nos acostaban», recordó mientras acomodaba una calabaza de castilla, producto insignia de su local.
Detrás de él, apiladas una sobre otra, estaban dispuestas al menos cincuenta piezas; al frente, platos desechables con trozos de calabaza en tachas -dulce tradicional de alta demanda en temporada- brillaban listos para su consumo.
«Es un proceso de mucho calor, lo más tradicional es que se trocea, se pone con piloncillo, canela y guayaba, y se pone en un quemador. A mí me comentaba la otra vez el dulcero que algunas las tiene que dejar 12 horas al fuego sin parar», contó.
En la nave intermedia del Mercado, lo que suelen ser piñatas de dibujos animados cedieron su lugar a ataúdes de cartón y el despliegue de globos numerados fue sustituido por festones flotantes de papel picado.
Para algunos comerciantes, la temporada implica una transformación casi total de la mercancía y una inversión planeada con meses de anticipación.
«Esta temporada empezamos a atender a partir del 5 de octubre, pero normalmente nuestros pedidos los hacemos a mediados de julio, cuando vamos a apartar la mercancía, precisamente para ver qué tipo de precio, la calidad y pues lo que vamos a traer.
«Vamos a la fábrica que está por el Metro Ciudad Deportiva, nosotros no compramos en otro mercado mas que con el fabricante», contó Adriana Romero, vendedora de segunda generación.
Junto con su madre, se ha dedicado a la venta de dulces.
«Tengo 44 años de vida y puedo decir que a mis 10 años empecé a trabajar aquí con mi mamá, porque es un negocio familiar. Ella tiene 76 años y ya 60 trabajando aquí, casi cuando recién empezó el Mercado. El Mercado cumplió 66 años apenas en septiembre», recordó.
Escalonadas sobre cajas de plástico, Romero exhibe calaveras de chocolate, azúcar y amaranto en una estructura que alcanza casi dos metros de altura.
En el perímetro de lugar, una extensión delimitada por lonas sujetas a estructuras metálicas da forma a la romería temporal, donde encuentran espacio los productos que el interior ya no alcanza a albergar.
A diferencia de las naves principales, en este corredor improvisado el paso se vuelve lento.
«Nosotras vamos caminando, vemos qué está bonito y lo compramos. Nos gusta hacer compras compulsivas», contó Yolanda Rosas, quien acudió ayer al Mercado junto con su madre.
Ambas acostumbran visitarlo en varias jornadas para completar la ofrenda familiar.
«Esenciales son los dulces, los adornitos, las veladoras, el incienso, el papel, las flores y las frutas.
«Todo lo dejamos listo para el primero (de noviembre), que es cuando vienen los niños, aunque nosotros no tenemos en la familia, les ponemos dulces y juguetes», detalló.
Aunque el espacio destinado a la ofrenda en su hogar es reducido, ayer cargaba una bolsa repleta de papel picado. No todo llegará a su casa: parte de él viajará al Estado de México para adornar tres tumbas, las de sus abuelos y su padre.