VIOLENCIAS Y OCURRENCIAS
Pedro Peñaloza
“El primer paso de la ignorancia es presumir saber”.
Baltasar Gracián
Mientras los habitantes de México, especialmente la niñez y las juventudes, padecen de múltiples formas de violencias y exclusiones, a la presidenta Sheinbaum se le ha ocurrido plantear “medidas tajantes contra la difusión de violencia en redes” (La Jornada, 06/10/26, p. 9).
¿Y cómo concretará semejante deseo? Muy sencillo: “Conformará un grupo de trabajo para una detección más eficaz de las amenazas” (La Jornada, 03/10/26). Con esa superficialidad observa la titular del Poder Ejecutivo federal la fenomenología de las violencias.
Por supuesto, no es nueva la ausencia de un abordaje poliédrico y multidisciplinario, aunque es necesario insistir en develar la ineptitud de un gobierno que diariamente da tumbos y únicamente ofrece improvisaciones y cortinas de humo. Para la presidenta basta “nombrar una comisión” ante la complejidad de un problema regional y mundial. No se toman en cuenta las múltiples variables que están presentes en diversas regiones del país y que actúan decisivamente en los espacios comunitarios, familiares y en los centros escolares.
Desde Palacio se pretende ignorar la expansión de las violencias, no quieren ver que, “el crimen organizado ejerce condiciones de control o gobernanza efectiva, en alrededor de 30 por ciento del territorio nacional, mediante el cobro de cuotas, retenes, control de mercados, cooptación de autoridades locales” (“¿Quién controla México? Mapa térmico del control del narcotráfico y del cobro de piso por estado y ciudad”, periódico Reforma, 04/10/26, cursivas nuestras). Es evidente que los impactantes sucesos recientes, en donde las víctimas y victimarios han sido niños, jóvenes y mujeres describen los procesos de descomposición social, económica y cultural que no pueden ser atendidos únicamente con más militares, con la fiebre de penas draconianas y con “comisiones” para legitimar al poder.
No basta que la presidenta presuma cifras discutibles acerca de la disminución de los homicidios dolosos. Existen hechos que no terminan en asesinatos, pero sí afectan terriblemente a la vida cotidiana de los habitantes, como la imposición de ritmos de vida acordes a los intereses de los grupos de la delincuencia organizada, y que son ya parte de la cotidianidad.
Por supuesto, las espectaculares detenciones de presidentes municipales no resuelven el problema estructural y sistémico que subyace en los negocios de las redes delictivas. Recordemos que toda autoridad local es intercambiable. Sin embargo, el gobierno no se atreve a detener y enjuiciar a los peces gordos, entre gobernadores actuales y pasados, miembros de la élite política que manda en el país y que la científica protege. Lo demás es utilería para incautos, y los gringos lo saben.