El «Cinco Copas», Rafael Márquez Álvarez, y cualquier otro director técnico que dirija a la Selección Mexicana, deberá tomar en cuenta que el Tri es el producto que más dinero le genera a la Federación Mexicana de Futbol (FMF). Nos guste o no, los directivos han tenido éxito al vender al combinado tricolor, ubicándolo dentro del top 3 de las selecciones que más facturan en el mundo.

Así que el reto del entrenador en turno es tener un representativo que esté a la altura de esos ingresos. Para ello hay dos vías paralelas: el primero es ganar; el segundo, jugar muy bien, en ese estricto orden. Esos son, a mi juicio, los criterios para analizar la eficiencia del seleccionado antes de caer en opiniones sin sustento o en polémicas mediáticas.

Lograr que se juegue bien y se gane requiere tiempo de entrenamiento, y el Tricolor no lo tiene. El ejemplo más reciente se dio en estas semanas: en solo quince días sostuvieron cuatro partidos en distintas ciudades, lo que redujo sustancialmente los tiempos de práctica al mínimo. Es un escenario sumamente difícil para imponer, enseñar y ensayar un modelo de juego.

Por ello, cuando Rafa declaró que no jugaría como el Barcelona porque no contaba con los perfiles adecuados, parecía tener claro el inicio de su camino y que retomaría la inercia del proceso mundialista. Sin embargo, las alineaciones y las formas de jugar en estos cuatro compromisos mostraron conceptos distintos. Se experimentó con alineaciones sin el trabajo previo necesario, intentando salidas limpias con el balón desde la zona de seguridad, un principio fundamental del club blaugrana. No hubo congruencia entre sus palabras ante la prensa y lo exhibido en la cancha.

Los resultados están a la vista: un equipo sin coberturas y con líneas desconectadas que obligaron al mano a mano defensivo de forma constante, algo que nada tiene que ver con la forma de defender observada en la pasada Copa del Mundo.

No sabemos en qué consistieron sus prácticas, pero existe una máxima en el balompié: «Se juega como se entrena». Por lo que mostraron en el terreno de juego, se deduce que los futbolistas fueron obedientes tácticamente e intentaron seguir sus indicaciones de salir con el balón controlado desde atrás. Esto provocó dudas en los jugadores, quienes no sabían si despejar o deshacerse del esférico, comprometiendo constantemente a sus compañeros.

Por otra parte, este factor dejó al descubierto otra falencia: la falta de liderazgo en el plantel, pues carecieron de la iniciativa para solucionar los acertijos que presentaba cada encuentro desobedeciendo las instrucciones, pero salvando el partido.

En conclusión, para analizar la actuación del Tricolor en este caso, debemos identificar los principios que rigen el modelo de juego, verificar si están bien aplicados según el perfil de cada jugador y si fueron ensayados previamente en el campo, no solo en el pizarrón. Es una evaluación directa a la capacidad de planeación del entrenador.

La otra asignatura es la valoración del rendimiento deportivo de los futbolistas, tanto en lo individual como en lo colectivo. Bajo esta premisa, a la Selección deben ir los mejores en su posición de acuerdo con las pretensiones del técnico; no es un espacio para experimentos. Todo indica que el nutrido cuerpo técnico de Rafa Márquez está pagando la novatada al desconocer los alcances de cada jugador y su momento actual, un trabajo sumamente laborioso que solo los técnicos metódicos logran dominar.

El primer examen en esta nueva era, con cuatro partidos jugando mal y sin ganar, nos deja como saldo un equipo sin pies ni cabeza.

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