TOSCA ENCENDERÁ EL PALACIO DE BELLAS ARTES
Agencia Reforma
Ciudad de México 21 septiembre 2026.- En el Palacio Farnese, Mario Cavaradossi acaba de ser torturado por orden del Barón Scarpia para obligarlo a revelar el escondite de Cesare Angelotti, el fugitivo republicano al que ayudó a escapar.
Llega entonces el mensaje del triunfo de Napoleón en Marengo, y malherido, pero eufórico, celebra: «Vittoria! Vittoria!», en el segundo acto de Tosca, la ópera de Giacomo Puccini.
Dentro de la tradición tenoril se ha vuelto un momento de lucimiento por la capacidad exigida al cantante para mantener por más segundos el La sostenido del segundo «¡Victoria!» del personaje, un pintor librepensador de la Roma de 1800.
En una reciente función en España, el mexicano Arturo Chacón-Cruz (Navojoa, 1977) logró sostenerla 13 segundos, superando los célebres 11 atribuidos al italiano Franco Corelli.
El video se viralizó en redes sociales y dividió a los aficionados. Por un lado, los puristas, que prefieren que la nota de Cavaradossi sea corta, de unos tres segundos, y por el otro quienes defienden que se prolongue porque no sólo demuestra la capacidad del tenor sino también emociona al público.
Ante la controversia, Chacón-Cruz acepta que ambos tienen razón: la nota es ciertamente larga, pero conmueve a la gente.
«¿A qué vamos, a emocionarnos o a darle gusto al purista?», cuestiona en entrevista a distancia desde Miami, donde reside.
El tenor regresará pronto a los escenarios mexicanos con la Compañía Nacional de Ópera con este papel que asume como su favorito, al punto de sentir que «hace trampa» por la comodidad al cantarlo. El dominio del passaggio, la zona del cambio de la media voz a la voz aguda, es particularmente importante en momentos como «Vittoria!» y las arias «Recondita armonia» y «E lucevan le stelle».
«Si no tienes el dominio del passaggio estás frito», asegura.
«Muchos de los maestros te enseñan a hacer un passaggio falso, donde haces el sonido con músculo, con tensión, en vez de hacerlo con los armónicos de la voz, con la libertad de la voz».
En el tercer acto, minutos antes de su ejecución, Cavaradossi recuerda a Tosca y canta «E lucevan le stelle», una de las arias más célebres del repertorio.
Inmerso en el arco dramático de la ópera, se olvida de que está cantando un aria tan famosa. Cuando se da cuenta, ya va por la mitad.
La emoción desplaza a la preocupación técnica: «Cuando voy a la función tiene que dejar ser trabajo y revivir lo que Puccini quería entregar».
Una filosofía que comparte el director escénico del actual montaje, Luis Miguel Lombana.
Pero la afinidad de Chacón-Cruz con Cavaradossi va más allá de los retos vocales, involucra la admiración hacia el personaje: un hombre del Renacimiento culto, bien posicionado socialmente, con una conciencia política y moralmente íntegro.
Es capaz de defender e, incluso arriesgar su propia vida, por un revolucionario al que apenas conoce, Angelotti, porque sabe que es lo correcto.
«Yo quiero ser como Cavaradossi, así de íntegro, así de respetuoso del bien y de lo correcto, y levantarme contra la injusticia», asegura.
En Tosca, teniendo como escenario el Palacio de Bellas Artes (Av. Juárez 1, Centro Histórico), Chacón-Cruz compartirá escena con Yunuet Laguna como Floria Tosca y Alfredo Daza como Scarpia en las funciones del 4 y 8 de octubre. En las representaciones del 6, 11 y 13, los papeles principales estarán a cargo de María Fernanda Castillo como Tosca, Carlos Arturo Galván como Cavaradossi y Luis Ledesma como Scarpia.
En la dirección concertadora estará Stefan Lano.
Las presentaciones de los martes y jueves serán a las 20:00 horas, y domingos a las 17:00.
Posteriormente, Tosca se presentará en Guanajuato en el Festival Internacional Cervantino, el 17 de octubre; dos días antes, en el mismo encuentro, Chacón-Cruz también rendirá homenaje a José Alfredo Jiménez en su centenario con cun concierto junto al Mariachi Gama 1000.
Un cambio en la industria
A la exigencia vocal y escénica de la profesión, Chacón-Cruz suma otra presión menos visible: la económica.
Sostiene que las condiciones de trabajo para los cantantes de ópera se han deteriorado frente a las que existían hace algunas décadas.
«Si el tipo de carrera que estoy teniendo ahorita hubiera sucedido 30 años antes, tendría un equipo de cuatro personas conmigo viajando; el teatro les pagaría sus hoteles, los aviones, tendría acceso a la cocina del hotel», señala.
Hoy, dice, buena parte de ese cuidado recae directamente en el intérprete.
Ese cambio, plantea, obliga al cantante a asumir no sólo la preparación artística, sino también la disciplina física, logística y financiera que antes podía distribuirse entre varias personas.
«Esto sería un trabajo de equipo y ahora lo tenemos que hacer solos», resume.
Chacón-Cruz asegura que incluso en su posición, que considera privilegiada por la cantidad de trabajo que mantiene y los honorarios que puede cobrar, la diferencia con generaciones anteriores es considerable.
Al comparar su situación con la de colegas que vivieron lo que llama «la época de oro» de la ópera, sostiene que entonces se llegaba a pagar «10, 15 veces más» por carreras de un nivel de exposición semejante.
La consecuencia, dice, es que el cantante contemporáneo debe aprender también a administrar una carrera como si fuera una pequeña empresa: ahorrar, invertir, controlar gastos y prever periodos de menor actividad.
«Ese tipo de disciplina con la que cuido mi cuerpo, cuido también mis finanzas, cuido también mi familia. Es otro trabajo y no te lo enseñan en un conservatorio».
El problema, advierte, puede llegar al extremo de volver poco rentable aceptar determinados contratos.
Al comentar el caso reciente del bajo estadounidense Andre Potter que decidió retirarse de la ópera escenificada, a los 43 años y en plena madurez vocal, porque los gastos de viaje y estancia absorbían sus ingresos, Chacón-Cruz es tajante: «Hay teatros en los que yo voy y salgo perdiendo».