¿JUSTICIA SOCIAL O CRECIMIENTO ECONÓMICO?

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Walter Olivera Valladares / @WalterOliverav

Justo cuando los programas sociales son la mejor apuesta del actual régimen y su más importante mecanismo para retener las preferencias populares, es el momento en que más preocupa este modelo por la gran cantidad de recursos que consume y las crecientes dudas sobre su sostenibilidad.

Ahora bien, tenemos que aclarar que para cualquier país es fundamental contar con algún sistema de protección social que ayude a reducir la desigualdad en las oportunidades desarrollo y los rezagos financieros entre la población.

La reflexión económica obligada surge porque el reparto de efectivo rebasa al crecimiento productivo real y nuestra capacidad de generar riqueza con base en la inversión y creación de empleos formales.

El dinero que llega a las tarjetas de millones de mexicanos sin duda genera lealtad política, algo que desde la administración anterior se entendió bien y que muchos gobiernos del pasado subestimaron.

¿Pero qué estamos construyendo efectivamente? ¿Mitigar carencias inmediatas resuelve la pobreza? ¿Debemos elegir entre la justicia social o el crecimiento económico? Parece que hay una debilidad en este punto, pues se crea un patrón de atención a las urgencias del presente sin sentar las bases para el progreso futuro.

El dinero repartido es del gasto público, pero no lo genera directamente el gobierno sino una necesaria base contribuyente conformada por empresarios, trabajadores formales, productores e inversores, que cada vez son menos, es decir nuestra economía va a la baja mientras el gasto social crece desmesuradamente.

Tan sólo en 2026 fue aprobado 1 billón 3 mil 326 millones de pesos para sostener los programas sociales con la meta de alcanzar los 42.9 millones de beneficiarios en todo el país.

La Secretaría del Bienestar tiene una de las partidas más grandes en el Presupuesto de Egresos de la Federación. Según datos de esta dependencia, en promedio un miembro de cada familia es beneficiario de alguno de los programas sociales.

El monto combinado de tales programas aumentó exponencialmente. La principal transferencia es para la Pensión de Adultos Mayores 526 mil 508 millones de pesos y favorece a 13.6 millones de ciudadanos. La Beca Universal “Rita Cetina” 129 millones de pesos para más de 14 millones de estudiantes de secundaria.

La Pensión Mujeres del Bienestar concentra 56 mil 924 millones de pesos para 2.7 millones de beneficiarias. A Personas con Discapacidad se destinan 36 mil 337 millones de pesos para 1.8 millones de beneficiarios. Al Programa Sembrando Vida 39 mil 997 millones de pesos para 416 mil sembradores.

Hemos enlistado los principales apoyos. Es claro que todo esto significa alivio económico para un amplio sector de la población. Pero olvidamos la solución de fondo porque a la par de repartir el dinero de los contribuyentes deberíamos impulsar el crecimiento económico sostenido con más empresas, inversión, competitividad y productividad.

Los registros del Instituto Mexicano del Seguro Social indican crecimiento de sólo 1.5 por ciento de empleo formal, lo que en un futuro cercano se reflejará como una caída en las recaudaciones tributarias.

¿Los programas sociales son necesarios? Sí, desde luego… Pero producir los recursos para sostenerlos lo es más antes de quedarnos sin nada para repartir.

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