INTERPRETARÁ GLUZMAN MÚSICA QUE LE HABLA AL CORAZÓN

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Ciudad de México 30 julio 2026 .-En una era en la que le parece que la dimensión espiritual se ha perdido, el compositor letón Peteris Vasks se ha propuesto «alimentar el alma».

 Y eso es lo que predica en sus obras.

 Su Concierto para violín No. 1, Distant Light, que la Orquesta Sinfónica de Minería (OSM) estrenará este fin de semana, en el arranque de su temporada 2026, con el violinista Vadim Gluzman como solista invitado, conjuga alegría y tristeza a la vez que busca transmitir que la esperanza prevalece al final.

 Un consuelo espiritual vislumbrado a lo lejos, como una luz a la distancia.

 «Es música llena de esperanza, llena de dolor, llena de expectativas de un mañana mejor», describe Gluzman, uno de los intérpretes de mayor renombre en el mundo, en entrevista remota.

 «Esta música es muy abiertamente emotiva», prosigue el violinista ucraniano israelí de 52 años: «Le habla inmediatamente al corazón».

 Compuesta entre 1996 y 1997 a petición del violinista letón Gidon Kremer, amigo de Vasks de toda la vida, esta obra nostálgica con un toque de tragedia se inspira tanto en los propios recuerdos de niñez de su autor como en la autobiografía de Kremer titulada Fragmentos de la infancia.

 El centelleo de las estrellas en el cielo nocturno también sirvió de inspiración para esta composición en la que se incorporan, en un lenguaje moderno, elementos de la música folclórica letona, como la que el propio Gluzman escuchara creciendo en Riga.

 «Crecí escuchando su música y mucha música folclórica tradicional letona. Y creo que si tuviera que describir la música de Vask, (diría que) él es un minimalista folk romántico.

 «Su música está profundamente arraigada en su tierra natal, en su música nacional, que tradicionalmente es muy vocal; los letones cantan maravillosamente. (Vasks tiene) un apego realmente profundo a la música nacional», apunta Gluzman, aventurándose a hacer un paralelismo entre la figura del letón y los mexicanos Manuel M. Ponce y Carlos Chávez dadas su raigambre tradicionalista.

 «Esto es muy similar para Peteris. Así que imagino que podría ser muy atractivo para el público mexicano».

 A la pregunta sobre si se trata de un concierto técnicamente demandante, no trastabilla.

 «Es muy difícil, presenta numerosos desafíos, y no sólo técnicos, sino también musicales», dice el violinista sobre esta obra construida como un solo movimiento dividido en 11 secciones, y caracterizada por sus contrastes de atmósfera.

 «Es una obra bastante larga, de unos 30 o 35 minutos. Se interpreta sin intermedio, es decir, es un solo movimiento», refrenda. «Mantener la narrativa y la atención del público al contar esta increíble historia épica, ése es uno de los mayores desafíos de este trabajo».

 Asimismo, Vasks escribió no una cadencia para el violín, como es tradicional, ni dos, sino tres, y Gluzman las refiere como «increíblemente desafiantes».

 «Y luego, al mismo tiempo, el ensamble tiene que ser increíblemente sensible», afirma, ya con la mente puesta en los preparativos. «Tenemos mucho trabajo por hacer antes del primer concierto».

Una amistad musical

 Por más retador que pueda resultar acometer este concierto, algo que Gluzman tiene a su favor es la cercana familiaridad fraguada con la OSM, y en especial con su director artístico, Carlos Miguel Prieto, luego de varias colaboraciones a lo largo de los años.

 «Hemos estado trabajando juntos, yo creo, 25 años ya; es la mitad de nuestras vidas. Es una historia muy larga de una verdadera amistad musical. Es asombroso cómo nuestra comprensión y nuestra visión han crecido juntas desde entonces», resalta al violinista que suele recorrer el mundo presentándose con importantes ensambles.

 «Así que, cuando regreso a Minería y vuelvo a trabajar con el maestro Prieto partimos de un nivel artístico mucho más alto debido a lo bien que nos conocemos. Porque conocemos el lenguaje musical del otro; sabemos qué esperar, conocemos las fortalezas del otro, sabemos cuáles serán los aspectos positivos de nuestras interpretaciones, y nos animaremos mutuamente a ir más allá».

 ¿Qué hace exitosa esa relación solista-orquesta?

 El deseo de hacer algo juntos. El darse cuenta de que no soy suficiente, y que ninguna persona es suficiente, sino que cuando estamos juntos es cuando puede ocurrir algo mágico.

 Al mismo tiempo, uno tiene que prestar mucha atención y dar mucho crédito al director, cuyo trabajo es unificador. Es un trabajo que conlleva mucho poder, por supuesto, mucha influencia; pero si esta influencia se usa por razones artísticas, verdaderamente por razones artísticas, los resultados son absolutamente asombrosos.

 El director tiene que tener ego, eso está claro. Todo músico necesita tener ego, de lo contrario no tiene nada que aportar. Pero cuando este ego está ahí para ayudar y guiar, y no para interponerse en el camino de uno, es cuando vemos a directores verdaderamente grandes. Y Carlos Miguel, después de tantos años (de colaboración), puedo decirles que realmente es una de esas personas.

 ¿Ha aprendido algo de español luego de tantas visitas?

 Lo suficiente para pedir vino o cerveza, pero no más.

El violín que es su voz

 A decir de Gluzman, su violín visita al médico con mucha más frecuencia de lo que él mismo lo hace.

 Sus palabras están lejos de ser una exageración, pues el violinista formado en la Academia de Música de Tel Aviv y en la célebre Juilliard School de Nueva York empuña desde hace tiempo un Stradivarius de 1690, préstamo de la Sociedad Stradivari de Chicago; «creo que ya son 28 años», calcula, a bote pronto.

 «Soy muy cuidadoso, muy respetuoso y lo cuido lo mejor que puedo.

 «Por supuesto, hay que recordar que tienes en tus manos un pedazo de historia, pero, al mismo tiempo, es una herramienta. No es una pieza de museo, es una herramienta que está ahí para hacer música. Es mi voz. Es algo que me da la oportunidad y la posibilidad de expresarme», remarca.

 Sobre cómo es la relación que mantiene con el instrumento que alguna vez perteneciera al violinista húngaro Leopold Auer, Gluzman lo compara con los vínculos humanos: «Cuanto más te entregas a la relación, más recibes a cambio».

 «Cuanto más amas a tu pareja, más te amará ella a ti. Ojalá sea cierto», apunta. «Y esto es muy cierto con este violín. Cuanto más espero de mí mismo, más me da».

 Por si tan magnífico instrumento no entrañara suficiente historia, en una de las visitas de Gluzman para tocar con la OSM aquel Stradivarius terminó siendo parte del Maratón de la Ciudad de México.

 Así lo contó el propio Prieto recientemente para el pódcast Momentos Musicales, al recordar la vez en que la ruta de dicha competencia, con la meta entonces puesta en Ciudad Universitaria (CU), imposibilitó al director y al solista invitado llegar a tiempo a un concierto completamente vendido en la Sala Nezahualcóyotl.

 «No había forma de acercarse de ninguna manera a CU. Y él (Gluzman) por un lado, y yo por otro lado, corrimos cada uno alrededor de 8 kilómetros -es increíble- para llegar, más o menos, 45 minutos tarde al concierto. Eso sí, con la seguridad de que no seríamos los únicos», relató Prieto: «Es la única vez que yo he llegado tarde a un concierto, y es la única vez que él ha corrido por el Periférico y por Insurgentes con un violín absolutamente histórico».

 Quizá no es ninguna coincidencia que Gluzman afirme: «Los músicos profesionales, los músicos en activo, se parecen mucho a los deportistas. Tenemos que mantenernos en forma, sobre todo con la edad».

 Lo dice así, claro, por la necesidad de mantenerse siempre practicando. Pero al exitoso solista itinerante México le dejó como lección que también hay que estar listo para correr varios kilómetros hasta un recital.

Tome nota

 – Qué: Estreno en México de Distant Light.

 – Quién: Vadim Gluzman con la Orquesta Sinfónica de Minería.

 – Cuándo: Sábado a las 20:00 horas y domingo a las 12:00.

 – Dónde: Sala Silvestre Revueltas del Centro Cultural Ollin Yoliztli (Periférico Sur 5141, Isidro Fabela).

 – Cuánto: De 248 hasta 992 pesos.

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