DAVID TOSCANA: LA BELLEZA DESPUÉS DE LA DERROTA
Agencia Reforma
Monterrey, NL 14 junio 2026.- Ganador del Premio Alfaguara de Novela por El ejército ciego, David Toscana vuelve a demostrar su fascinación por los personajes que la historia suele relegar a los márgenes. A partir de un episodio apenas mencionado en las crónicas medievales, el escritor construye una novela donde la derrota no significa el final, sino el comienzo de una búsqueda marcada por la imaginación, la memoria y el poder de las palabras.
En esta conversación, Toscana (Monterrey, 1961) habla del origen de la obra, de los desafíos de narrar un mundo habitado por hombres ciegos, de la escritura como acto de resistencia y de los territorios literarios que siguen alimentando su narrativa.
¿Qué viste en esas pocas líneas de una crónica medieval que te hizo imaginar toda una novela?
«Vi una semilla, una veta, pero durante años no pude imaginar una novela; esa la fui descubriendo más tarde y poco a poco, a medida que la iba escribiendo».
¿Por qué te interesó más contar cómo se vive después de la tragedia que la tragedia misma?
«La tragedia ya estaba contada por la historia. Lo que nadie había relatado es lo que pudo haber ocurrido después. Dado que no sobrevivió ningún testimonio, entonces es el terreno de la novela, de la imaginación».
¿Cuál fue el mayor reto de esta novela?
«El reto está en la esencia de la novela: narrarla con personajes sin ojos. Esto al final se volvió lo más lírico y significativo. Un mundo en el que la palabra, y no las imágenes, estuvieran en el centro».
En un mundo de hombres cegados, la imaginación termina viendo más que los ojos, ¿no es así? ¿Estamos perdiendo eso?
«Estamos tan centrados en los ojos que usamos la palabra ‘imaginación’, que significa la capacidad de formar imágenes mentales. Por supuesto, tenemos muchas formas de percibir que no necesitan imágenes. Y no sólo hablo de los otros cuatro sentidos, sino del entendimiento, la memoria, la sensibilidad, la lógica y tantos otros procesos mentales.
«No hacen falta los ojos para acercarse al ‘Pienso, luego existo’ ni a ‘porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra’ ni a ‘recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte’ ni a ‘la raíz cuadrada de dieciséis es cuatro’. El ojo se entretiene tanto en imágenes que perdemos capacidad para entender las palabras y también las propias imágenes. Al decir esto último pienso en las artes plásticas y, en general, en la capacidad de observación».
Kozaro, personaje entrañable, es también una reflexión sobre el deseo de escribir cuando parece que todas las historias ya fueron contadas.
«Sobre todo el deseo de escribir, a secas, pues los escritores nunca pensaremos que ya todo fue contado. Si todo hubiese sido contado, alguien habría relatado la historia del ejército ciego del zar Samuel. Y a Kozaro, en particular, le duele que nadie escriba la historia de Bulgaria en esos años y, en cambio, se concentren en redactar textos eclesiásticos. Kozaro querría haber sido un Homero búlgaro, o un Herodoto, pero no un amanuense».
¿Qué puede enseñarnos un grupo de derrotados del siglo 11 sobre nuestro tiempo?
«Que hay vida y belleza y vino y música y baile y sexo y literatura después de la derrota. También hay oportunidad de una revancha».
Después de tantos libros, traducciones y premios, ¿qué entiendes hoy de la literatura que no entendías en tus inicios?
«Según el diccionario, ‘entender’ es ‘tener idea clara de las cosas’ o ‘saber con perfección algo’. Después de estos años, conozco más, pero no estoy seguro de entender mejor».
¿La madurez literaria consiste en encontrar una voz o en seguir poniéndola en riesgo? ¿Cuáles son tus retos actuales?
«Prefiero dejar a un lado la idea de ‘madurez’. Entiendo que un aguacate sabe mejor cuando está maduro, pero en la literatura debe sobrevivir el juego, lo infantil, lo irreverente, el riesgo, el fuego, el aprendizaje. El reto es el mismo de siempre: explorar una historia que esté cargada de significados y escribirla lo más bellamente posible».
¿Qué riesgo literario no has tomado todavía?
«El erotismo».
Has dicho que no tienes una palabra escrita que no provenga de aquel Monterrey de tu infancia (se le preguntó a partir de Duelo por Miguel Pruneda). ¿Te preocupa que algún día se agote ese territorio o sientes que es inagotable?
«No recuerdo cuándo lo dije, pero no busquemos verdades eternas. Lo que fue cierto en un pasado, ya no lo es. En un principio pensé que todas mis novelas ocurrirían en el norte de México. Con el paso de los años he contado historias que ocurren en Königsberg, Varsovia, Jerusalén y ahora Bulgaria. Sin duda ahí hay muchas palabras que no provienen del Monterrey de mi infancia».
Vivir lejos de Monterrey durante tantos años, ¿ha fortalecido ese territorio literario o lo ha vuelto más imaginario?
«Lo ha ampliado. No sólo se trata de vivir fuera de Monterrey, también se trata del paso de 20 años y de acumular lecturas y experiencias».
¿Qué te sigue desafiando como escritor y en qué estás trabajando ahora?
«Este año tendré el gustoso trabajo de viajar y leer. Ya pensaré en el 2027 cuál de las historias que me rondan la cabeza merece convertirse en una novela».