MEMORIA Y LEGADO DE JACOBO PAYÁN LATUFF

1939-2024

EL HOMBRE QUE MIRABA AL HORIZONTE

Hay hombres que compran tierras para cercarlas, y hombres que compran tierras para construir templos. Jacobo Payán Latuff pertenecía a la segunda estirpe. Fallecido a los 87 años, en la plenitud de un legado que ya no le pertenecía solo a su familia, sino a todo San Luis Potosí, Don Jacobo dejó una huella que no se mide en metros cuadrados, sino en la identidad de un pueblo que aprendió a ganar bajo su custodia.

EL PATRIARCA

Jacobo Payán no nació en la abundancia. Su historia, iniciada el 6 de enero de 1939, es el relato de un potosino de cepa con raíces libanesas y armenias que entendió temprano que el hambre es la mejor maestra de negocios.

Creció en la calle Matamoros número 31, en el corazón del San Luis de vecindades, donde la escasez era el pan de cada día. «Éramos ocho hermanos y a veces no había para todos», recordaba con esa voz aguardentosa que imponía respeto. Fue vendedor de nueces, mensajero de banco y vendedor de autos. Pero fue su paso por las cocinas de Los Ángeles, California, lo que le dio la disciplina del servicio.

A su regreso, Jacobo no solo traía ahorros, traía una visión: San Luis Potosí debía ser una ciudad donde los potosinos fueran dueños de su destino. Con una singular visión empresarial, comenzó a adquirir negocios que otros daban por perdidos, basando su éxito en un valor hoy casi extinto: la palabra dada.

EL IMPERIO DEL ESFUERZO

Payán no gestionaba activos; rescataba instituciones. Su portafolio de más de 25 empresas fue el motor que mantuvo vivo el centro histórico y la economía local.

La Parroquia, el Centro de Mando

Más que un restaurante, La Parroquia se convirtió en el termómetro político del estado. En su mesa de la esquina, Don Jacobo operaba como un diplomático sin cartera. Ahí se decidieron candidaturas, se pactaron inversiones y se resolvieron huelgas. Para él, el café era el lubricante de la paz social.

El Rescate del Patrimonio

Don Jacobo adquirió el Hotel San Francisco (antes Filher) no solo por negocio, sino por amor: allí se casó con su eterna compañera, Yolanda Espinosa. De igual forma, el Hotel Panorama fue rescatado de la decadencia para seguir siendo el mirador de la ciudad. Su visión empresarial era una extensión de su biografía: «Si el edificio es importante para San Luis, hay que salvarlo».

LA OBRA CUMBRE

La construcción del estadio a finales de los años 90 es, quizás, el acto de audacia privada más grande en la historia potosina. Ante la negativa de apoyos gubernamentales, Payán puso su propio patrimonio en juego.

¿Por qué Alfonso Lastras?

Muchos esperaban que el recinto llevara el nombre de su constructor. Sin embargo, en un gesto de humildad y lealtad inquebrantable, Don Jacobo lo nombró en honor a su gran amigo, el ex rector de la UASLP, Alfonso Lastras Ramírez.

«Él era la mente, yo era las manos. El estadio debe llevar el nombre de quien nos enseñó a pensar en grande», decía.

Hoy, la escultura de bronce en la explanada del estadio hace justicia a esa figura del constructor vigilando la entrada,  como un aficionado más, levantando los brazos en la victoria potosina.

MEMORIA HISTÓRICA EN LA CANCHA

El futbol fue la «locura más cuerda» de Don Jacobo. Fue el mecenas que financió cinco ascensos, rescatando la plaza de la desaparición una y otra vez. Goles, e historias vestidas de azul y oro.

Los Santos y el Milagro del 71

En la temporada 1970-1971, Payán inyectó la energía necesaria para un ascenso meteórico de Tercera a Primera.

Salvador «Chava» Reyes, el líder quien le dio al equipo el linaje de campeón.

Marino Guevara, sus goles que ilusionaron a los potosinos, fue campeón goleador con 23 goles en la campaña, sin jugar en tres partidos, y anotador del primer gol del club en el máximo circuito frente al América.

El Regreso de 2002 y 2005. El Estadio ruge

Con el «Coloso de Valle Dorado» aún en construcción, San Luis recuperó su sitio.

Marcelo de Faria, el brasileño que hizo del Lastras su jardín particular en 2002 y Ariel González, el autor del gol más gritado de la historia en 2005 contra Querétaro. Ese 3-2 en tiempo extra fue el regalo más grande que la afición le dio a Don Jacobo.

El ascenso a Primera 2018-2019

Atlético de San Luis vence a  Dorados de Sinaloa, dirigidos por Diego Armando Maradona en dos torneos consecutivos dentro de ese mismo año futbolístico:

Torneo Apertura 2018 disputan el título, los potosinos remontan un marcador adverso para ganar 4 a 2 (marcador global) en tiempos extra.

Nicolas Ibáñez, fue el Campeón de Goleo del torneo regular con 8 anotaciones y anotó uno de los goles en la gran final de vuelta que sentenció el título.

Torneo Clausura 2019, seis meses después,se repite la finalSan Luis ganó 1-0 en el global.Repitió como Campeón de Goleo con 11 tantos. Aunque el gol de la final fue de Unai Bilbao, el dominio de Ibáñez durante todo el torneo fue lo que llevó al equipo a la cima, narran las crónicas periodísticas.

San Luis logra el Bicampeonato y el ascenso directo a la Liga MX, dejando a Maradona sin el título en ambas ocasiones.

Atlético de San Luis alianza estratégica

Don Jacobo, el visionario entendió que el futbol del siglo XXI requería socios globales  sus gestiones tuvieron éxito estableciendo una alianza estratégica con el Atlético de Madrid, esa fue su última gran jugada maestra.

EL LEGADO VIVO

Jacobo Payán Latuff no se fue del todo. Se quedó en los 1,300 empleos de sus invernaderos, en las mesas de sus restaurantes y en cada niño que hoy viste la camiseta potosina. Su hijo, Jacobo Payán Espinosa, hoy lidera el proyecto del Atlético de San Luis, manteniendo la premisa de su padre: «El dinero potosino se invierte en San Luis».

Su legado es la prueba viviente de que la pobreza de origen no es un destino, sino un punto de partida. San Luis Potosí hoy tiene un estadio digno, una industria hotelera vibrante y un equipo en la élite porque un hombre decidió que su palabra valía más que su firma, y que su ciudad merecía ser la mejor.

LA ÚLTIMA PALABRA

En sus últimos años, a Don Jacobo se le veía a menudo en La Parroquia de Carranza, saludando a todos por su nombre. No necesitaba guardaespaldas; su escudo era el respeto de una ciudad que lo vio crecer y triunfar.

Al final, la semblanza de Jacobo Payán Latuff se resume en una frase que él mismo solía decir al ver el estadio lleno: «Valió la pena cada centavo, porque ver a mi gente feliz no tiene precio de factura».

Este documento constituye un homenaje oficial al Mérito Empresarial y Deportivo. San Luis Potosí, febrero de 2026.

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