Agencia Reforma

Ciudad Universitaria, CDMX, 16 febrero 2026.- Policéntrica dado las diversas geografías donde se habla, polimórfica en sus variedades, y poliédrica en cuanto a sus usos, la lengua española es de suma complejidad.

Tanto así que exige observación sistemática y cooperación regional, lo cual ahora se propone llevar a cabo desde el Observatorio del Español para América Latina y el Caribe (OEALC), presentado ayer en el Auditorio José Vasconcelos del Centro de Enseñanza para Extranjeros (CEPE) de la UNAM.

«Esta nueva plataforma de análisis se orienta a examinar los cambios que experimenta el español, y a dimensionar sus implicaciones para la convivencia, el acceso al conocimiento y la participación social», explicó Leonardo Lomelí, Rector de la Máxima Casa de Estudios.

«Sumamos así un espacio para observar el español, no como una abstracción, sino como una práctica viva; no como una norma fija, sino como un fenómeno dinámico que se construye y se deconstruye; no como un patrimonio excluyente, sino como un territorio donde también es válida la disputa», apuntó, a su vez, Anel Pérez, titular del CEPE, instancia que en julio próximo celebrará su 105 aniversario.

El primer observatorio dedicado específicamente a esta lengua en la región que constituye su epicentro, su núcleo demográfico y dinámico, surge en articulación con el Instituto Cervantes, cuyo Observatorio Global del Español (OGE) ha impulsado «una mirada internacional sobre la situación y el futuro de la lengua», a decir de Pérez.

De tal modo, ambas instituciones observarán cómo se habla en las fronteras, en las comunidades migrantes, en las grandes urbes y también en los espacios rurales; «cómo hablamos cuando nos enamoramos, cuando exigimos en una marcha, cuando negociamos, cuando hablamos a un bebé o a nuestros muertos», ilustró la titular del CEPE.

«Reconociendo diferencias, por ejemplo, como el término ‘desaparecido’, con ese dolor que implica el verbo desaparecer en América Latina; o como la palabra feminicidio, que es una aportación prácticamente latinoamericana que pasó por primera vez a una ley en este País», resaltó Pérez, aludiendo también a las «formas festivas y carnavalescas de la lengua».

«Su propósito consiste en analizar, documentar e interpretar las formas de enseñanza y aprendizaje (del español); su presencia en los medios de comunicación, en la producción científica y en la traducción; su evolución en entornos digitales, y su interacción con otras expresiones simbólicas», añadiría Lomelí.

Según Fernando Rodríguez Guerra, quien dirigirá el OEALC, por décadas ha habido estudios valiosos sobre el idioma; sin embargo, son dispersos y no comparables, además de que los datos no siempre están sistematizados regionalmente.

«Ha faltado una observación integrada, continua y articulada», señaló el académico, quien se referiría al Observatorio no como un proyecto coyuntural, sino como una estructura permanente de análisis.

«En contextos de alta complejidad sociolingüística, la observación debe ser sistemática, comparable y sostenida en el tiempo», prosiguió. «Solo así es posible generar diagnósticos rigurosos, anticipar tendencias y ofrecer insumos confiables para la toma de decisiones».

La enseñanza del español tanto a extranjeros como en contextos indígenas son las dos prioridades definidas para la primera etapa de esta nueva instancia académica.

Y es que el crecimiento más acelerado del español -del que se estima que hay más de 500 millones de personas utilizándolo como primera lengua, y hasta 630 millones con algún grado de competencia- se observa entre quienes lo aprenden como segunda lengua o como lengua extranjera.

«Para muchas y muchos, su dominio representa una vía de ingreso a múltiples oportunidades», enunció Lomelí. «Analizar esas trayectorias resulta indispensable para identificar los nichos, tensiones y brechas que acompañan su expansión».

Asimismo, la importancia de prestar atención a lo que sucede a la lengua, a su uso y a sus comunidades de hablantes, radica en que de todo ello dependen la elaboración de textos educativos; la manera de establecer relaciones internacionales, y hasta la presencia cultural e identitaria en las nuevas tecnologías, especialmente en la Inteligencia Artificial, subrayó, por su parte, Francisco Moreno Fernández, director del OGE.

«Lo que pretendemos es coordinar nuestras miradas y mirar en una misma dirección con el espíritu de colaboración. Sólo así podemos conseguir una observación del español medianamente seria y medianamente de provecho para todas las comunidades», comentó.

«(Deseo que sea) un lugar sí para mirar de lejos el universo de palabras, pero sobre todo también para mirar el lugar cerca de nosotros y mirarnos nosotros mismos. Para reconocer nuestra voz y para construir desde la lengua horizontes más justos», concluyó Pérez.

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