REÚNE KANSAS VARIAS GENERACIONES EN EL VELÓDROMO OLÍMPICO

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Agencia Reforma

Ciudad de México 7 febrero 2026.- Este sábado Kansas reafirmó que aunque el tiempo pase algunas canciones permanecen en el recuerdo de varias generaciones, tal como lo demostró en concierto en el Velódromo Olímpico.

 Luego de que el cáncer de tiroides hiciera de las suyas a inicios del 2025 y tuviera que someterse a una cirugía, Ronnie Platt (voz y teclados) se presentó en el escenario en punto de las 21:00 horas.

 Se le unieron sus compañeros Rich Williams (guitarra), Tom Brislin (teclado y voz), Joe Deninzon (violín y cuerdas), Phil Ehart (batería y percusiones), Dan McGowan (bajo) y Scott Bernard (guitarra), estos dos últimos músicos en gira con el show Dust In The Wind En Vivo.

 «Dust in the Wind» no sólo fue una canción esperada, sino una idea suspendida en el aire: la de un público consciente del paso del tiempo y dispuesto a celebrarlo, que sin importarle se levantó de sus lugares y fue el momento en que grabaron con el celular.

 El sonido se mantuvo claro y balanceado, permitiendo apreciar la arquitectura de cada tema: guitarras precisas, teclados envolventes y una base rítmica sólida que sostuvo los desarrollos progresivos con naturalidad. El oficio quedó claro desde los primeros minutos de «What’s on My Mind».

 «Hola», dijo Platt en español luego de cantar desde los teclados. «Ciudad de México. ¿Están listos para la música?», preguntó en inglés antes de «Point of Know Return».

 Los violines de Deninzon dieron la introducción en «Play the Game Tonight» para que Platt entrara con su lirismo melódico.

 «Muchas gracias, ¿suena bien? Vamos a tocar una canción que solíamos tocar en MTV», dijo antes de interpretar «Fight Fire With Fire».

 El desempeño de Kansas fue sobrio y directo sin recurrir a artificios visuales, la banda dejó que la música sopló con nombre propio para marcar el pulso de la noche y solamente recurrió a la iluminación con mesura y a dos pantallas laterales para que los espectadores pudieran disfrutar del show con temas como «Can I Tell You».

 Kansas fue capaz de reunir generaciones distintas bajo una misma escucha atenta y cómplice, ya que aunque la mayoría aparentemente superaba los 50 años hubo parejas que iban acompañadas de sus hijos jóvenes que rondaban los 30 años.

 Algunas personas de plano abandonaron sus lugares y se movieron a los costados para disfrutar libremente del concierto con cerveza en mano, pero eso sí, bien abrigados por el frío y unos cuantos con cubrebocas.

 Hubo camisetas clásicas, miradas cómplices y una atmósfera relajada, más cercana a la contemplación que a la euforia desbordada, ya que los asistentes permanecieron sentados en sus aulas coladas en el recinto deportivo para la escucha atenta.

 Su voz se mantuvo firme, respaldada por armonías bien ensambladas, y los solos aparecieron como acentos precisos, nunca como exceso, así que todo fluyó con la serenidad de una banda que conoce su legado en el rock y no necesita subrayarlo.

 El recorrido de poco más de hora y media por un repertorio equilibró pasajes épicos con momentos de la vigencia de su música y por la certeza de que, aunque todo sea polvo en el viento, hay canciones que siguen encontrando dónde quedarse como «Carry On Wayward Son».

 Al final, el Velódromo Olímpico se vació lentamente, con conversaciones que prolongaban la experiencia y los asistentes alcanzaron transporte público.

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