‘TRATO DE BUSCAR ALGO NUEVO EN CADA HISTORIA’
Agencia Reforma
Ciudad de México 27 enero 2026.- En el año 1014, el emperador bizantino Basilio II ordenó que le sacaran los ojos a 15 mil soldados búlgaros tomados prisioneros, dejando tuertos a uno de cada 100 para que pudieran regresar a casa.
De este sobrecogedor episodio histórico echó mano el escritor regiomontano David Toscana para desarrollar su más reciente libro, El ejército ciego, mismo que este martes le valiera el Premio Alfaguara de Novela 2026.
«Nunca se me hubiese ocurrido a mí la idea de cegar a 15 mil soldados. Aunque suene macabro, es un regalo que me hace la historia; como novelista, me lo regala la historia», consideró el autor en entrevista vía telefónica desde Madrid, España, posterior al anuncio realizado durante una ceremonia en la Galería de Cristal del Palacio de Cibeles, en Madrid.
«Tengo años obsesionado con esta idea. Fue hasta recientemente que supe cómo contar esta novela, pero yo ya tenía años tratando de resolverla», compartió Toscana sin recordar exactamente cómo supo sobre dicho pasaje, aunque le parece que la primera pista pudo estar en The Story of Civilization, del estadounidense Will Durant.
Al también autor de títulos como Los puentes de Königsberg y El ejército iluminado le sorprendía que en prácticamente un milenio nadie se hubiera ocupado de narrar el destino de tales hombres. Y es que la falta de documentación histórica en realidad hacía de ello una tarea más bien literaria, a decir del historiador y ensayista polaco Pawel Jasienica.
«Tomé el anzuelo que tiraba este historiador, y dije: ‘Sí, vamos a llenar este vacío de la historia, este vacío donde no hay una sola palabra que nos diga qué pasó con estos ciegos; entonces, vamos a llenarlo con literatura'», relataría Toscana en una rueda de prensa virtual, afirmando que los novelistas tienen un derecho a la imaginación que los historiadores no.
No se trata, vaya, de una novela histórica, pues el autor reconoce que habría sido muy aburrido intentar hacer una recreación realista de lo sucedido.
Esto, no obstante, no significa que tal esfuerzo carezca de indagación en fuentes históricas sobre el Imperio Bizantino, el Siglo 11 e incluso algunos manuales de estrategia militar de la época; «para mí, fue muy disfrutable toda esta investigación, que al final no es para darle tanta historia a mi novela, sino para ambientarla y para que me despierte la imaginación», destacó Toscana a REFORMA.
Su propósito era otro, uno mucho más propio de lo que acaso pueda identificarse como lo «toscaniano».
«Lo que quería yo era, esta escena histórica tan trágica, convertirla en otra cosa, convertirla en belleza, en algo sólido para el espíritu humano», subrayó el escritor en cuyo imaginario los ciegos están lejos de ser unos derrotados, puesto que poseen un «heroísmo cotidiano».
Así es como surgió esta «fábula oscura y poderosa», como la definiera el jurado del premio, presidido esta edición por el también escritor mexicano Jorge Volpi, y el cual eligió por mayoría el manuscrito de Toscana -presentado bajo el pseudónimo de «Kozaro, el escriba»- entre cinco finalistas, de un total de mil 140 originales recibidos este año.
«La novela adquiere un tono coral y poético que mezcla testimonio, leyenda y humor negro. Una gran épica para los vencidos», expuso Volpi, él mismo ganador de este premio en 2018 con Una novela criminal, al dar lectura al fallo.
«Qué bueno que hubo un jurado con el que se pudo comunicar mi novela, y pues ahora estoy brindando. () Ya me había cansado de que me rechazaran en los premios», diría entre risas Toscana, cuyas letras han cosechado antes premios como el de la V Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, con El peso de vivir en la tierra, y el Xavier Villaurrutia de escritores para escritores, con Olegaroy.
Además de una escultura de Martín Chirino, el Premio Alfaguara de Novela está dotado con 175 mil dólares -poco más de 3 millones de pesos-, suma para la que el regiomontano no tiene contemplada inversión alguna; «me da una tranquilidad enorme para seguir viviendo el día a día con la renta ya pagada», confió el autor.
Mas un incentivo quizás más significativo es la publicación simultánea de la obra ganadora en todo el territorio de habla hispana, y será el 26 de marzo próximo cuando El ejército ciego llegue a las estanterías.
«Yo he sido siempre un escritor de mil 500 ejemplares que con trabajo los hallas en librería. Entonces, creo que por primera vez doy el salto», celebró Toscana.
‘Enemigo’ literario
Una vez abierta la plica, Jorge Volpi descubrió con especial alegría que el jurado había coincidido en premiar a su «viejo y queridísimo enemigo literario» David Toscana.
«Hace 30 años, mientras un pequeño grupo de escritores en la Ciudad de México creábamos el grupo del Crack, en Monterrey otro pequeño grupo de escritores, entre los que estaba David, creaba un grupo rival llamado El Panteón», rememoró Volpi, director artístico del Centro de Cultura Contemporánea Condeduque, en Madrid
«Y desde entonces, creo que David Toscana ha creado una de las obras más singulares y fascinantes de la lengua española en estos 30 años», añadió, elogioso.
Cuestionado sobre esto, Toscana se referiría a tal rivalidad más bien como una fantasía; «los que en verdad tenían un grupo eran ellos, el Crack», comentó en entrevista.
«Era un grupo que estaba publicando en forma, y nosotros todavía estábamos allá en Monterrey tratando de hallarnos camino. Entonces, teníamos ciertas amistades, encuentros, desencuentros, a veces nos llevábamos mejor, a veces peor. Pero ya cuando uno crece es mejor no tener enemigos», agregó.
Sobre lo que pervive de aquel treintañero autor de Estación Tula (1995), Toscana aludiría a lo que caracteriza su escritura cual «huella digital de lo toscaniano».
«Yo sé que tengo una búsqueda, tengo una forma de entender la belleza literaria, de entender la prosa, de manejar estos personajes pequeños que tienen logros magníficos, al menos para ellos; () son elementos que a mí me gustaría que se pudieran percibir, y que alguien que lee cuatro novelas mías, le das una quinta sin título ni autor, y puede decir: ‘Ésta seguramente es de Toscana'», describió, reconociéndose pese a ello como un escritor sin fórmulas.
«No sé exactamente lo que quiero hacer. Funciono con intuición y prueba y error, hasta que de pronto me sale bien algo. Porque si supiera exactamente lo que quiero hacer, entonces hasta me preocuparía; ya no hay una búsqueda, sino que ya sigues un instructivo».
Por ahora, al escritor de 64 años le angustia lo que sobreviene al terminar una novela: la duda sobre si acaso será la última.
«No porque tenga planes para morirme pronto, sino porque ya no sabes si te vaciaste y si vas a tener nuevas ideas, algo que verdaderamente valga la pena para publicar. No soy escritor de series, como las policíacas, que escribes uno y otro caso del mismo detective, sino que trato de buscar algo nuevo en cada historia. Y siempre tengo la duda de si lo voy a encontrar.
«Si me preguntaras ‘¿qué proyecto tienes ahora?’, yo te diría que ninguno. Pero entre seguir leyendo y pensando, seguramente puede salir algo», ponderó, confiado acaso en esa laureada inquietud y en su fértil imaginación sin ataduras.