UN CAMPEÓN FORJADO CONTRA TODO
Agencia Reforma
Monterrey, NL 18 enero 2026.- Rubén cursaba sexto grado de primaria cuando unos niños le presumían que visitaron un parque acuático.
«Tú no puedes ir porque eres pobre. Eres el niño de la basura», le recalcaron.
Oriundo de Tecamachalco, municipio del triángulo rojo del estado de Puebla, una zona afectada por grupos criminales y el huachicol, dice que su casa estaba frente a un enorme basurero en donde los camiones descargaban desechos.
Siempre se quedaba callado cuando le hacían burlas, pero en esa ocasión les contestó que no iría a ese parque acuático porque cuando creciera conocería varias partes del mundo.
«Lo dije nada más así, sin pensarlo», cuenta este peleador profesional de muay thai, de 40 años de edad, que ha visitado más de 20 países.
«Hoy conozco muchos lugares que han sido a través del deporte. He ido hilando cosas y dicen que lo que tú hablas tienes que tener cuidado en cómo lo dices, porque se hace realidad».
Ese «niño de la basura» ganó en el 2017 el campeonato mundial de kickboxing de la Intercontinental Kick Thai Boxing Association.
Su nombre es Rubén Rodríguez Román, pero relata que hace años en una pelea en la Ciudad de México el público comenzó a corear su apellido, Román, y entre tanta algarabía, ya se escuchaba «Romano», algo que le agradó.
Desde entonces, es Rubén Romano.
Este deportista se ha vuelto un conferencista compartiendo su historia de vida a personas que enfrentan contextos difíciles, como quienes están privados de la libertad, internos en centros de rehabilitación o alumnos de escuelas en zonas marginadas.
En septiembre pasado dio una charla en el Cereso No. 2 de Apodaca por invitación de Faro en el Camino, una asociación fundada en el 2019 para ayudar a la población penitenciaria.
Ante la conexión que logró con las personas privadas de la libertad fue invitado por Promoción de Paz, una de las organizaciones pioneras que trabajan en penales de Nuevo León, ha seguir colaborando con poblaciones marginadas dentro y fuera de los Ceresos.
La historia de Rubén es la de un niño que creció en un entorno de violencia familiar y pobreza extrema, prácticamente con todo en contra, y aún así no se quedó preso de esas circunstancias.
Se convirtió en empresario con la apertura en Tecamachalco de su gimnasio Romano Muay Thai & Gym en donde entrenan gratuitamente a jóvenes que se rehabilitan del consumo de drogas, e imparten clases de defensa personal a mujeres.
Jaime Flores, de 29 años, originario ese municipio poblano y alumno de Rubén, ha llegado a campeonatos naciones e internacionales de muay thai, algo que pensaba que era imposible.
«Si no fuera por el deporte, yo creo que estuviera en las drogas, en el alcoholismo, en la cárcel, o en la peor de las instancias: estuviera yo muerto», expresa Jaime.
«Me siento más confiado, fuerte, una persona que puede superar cualquier obstáculo, he generado esa resiliencia».
Dice que esta práctica deportiva lo ha hecho una buena persona.
Santa Ruiz es otra de sus alumnas. Tiene 46 años y se integró a las clases de defensa personal hace cincos años, cuando enfrentaba una fuerte depresión tras una ruptura sentimental.
Su aprendizaje fue mucho más allá que sólo técnicas para defenderse: terminó la preparatoria y actualmente estudia la carrera de Derecho.
«Gracias a que estuve entrenando con él, mi depresión pasó», cuenta Santa, «me motivó muchísimo el estar rodeada de los compañeros, los consejos que él nos daba. Mi mente se abrió un poco más a otras nuevas oportunidades «Es la primera persona que se preocupa por las mujeres en Tecamachalco».
Rubén recientemente tuvo el lanzamiento de su mezcal llamado Hijo de Pedro Mula, un apodo que le pusieron de adolescente para menospreciarlo por ser hijo de un papá alcohólico.
DE TECAMACHALCO A MONTERREY
Su proyecto ahora es radicar en Monterrey. De hecho, el miércoles pasado dio una charla en el Macrocentro Comunitario de San Bernabé.
El interés de enfocarse en poblaciones de bajos recursos es porque considera que ellos suelen creer que no pueden tener acceso a otra forma de vida, o piensan que por haber tenido una infancia muy difícil, no son capaces de lograr nada.
«Lo que yo quiero es cambiarles el chip, decirles que si está en tu mente, lo puedes crear, todo lo que tú quieres lograr, lo vas a lograr. Solo que tenemos que despertarles ese chip», enfatiza Rubén, también padre de dos hijas.
«Quiero ser esa persona que en algún momento a mí me hizo falta». En la entrevista con Rubén recalca el poder de la mente. Ha viajado a países de culturales orientales, donde tradiciones milenarias enseñaron el poder que tiene en su interior cada ser humano.
«El campeonato del mundo, el primero que logré (en el 2017) fue porque literalmente todo lo tenía yo en la mente», comparte Rubén.
«Cuando yo subí al ring, solamente fui por mi cinturón, porque el cinturón ya era mío».
Para lograr eso tuvo que dejar atrás aquellos comentarios negativos de su familia y de sus primeros maestros de artes marciales, donde le remarcaban que jamás podría salir de la pobreza ni llegar a cuadriláteros internacionales.
En su mente siempre se preguntó: ¿por qué no voy a poder? Fue el segundo de seis hermanos.
Su papá era alcohólico y drogadicto, y golpeaba a su mamá.
«Siempre tuvimos problema con el alcoholismo de mi padre, porque era muy agresivo, hasta que yo decidí también ya casi a los 18 años, meterlo a un centro de rehabilitación», dice.
«Eso vi que le ayudó, y es como yo me meto a los centros de rehabilitación a dar pláticas».
Consuelo Bañuelos, fundadora de la organización Promoción de Paz, comparte sentirse cautivada desde la primera vez que escuchó a Rubén en septiembre pasado en el Cereso No. 2.
«En los tantos años que llevo acompañando a personas privadas de su libertad, me he dado cuenta que el hecho de que escuchen historias y testimonios de personas que han salido adelante, les motiva muchísimo», recalca Consuelo.
«Para quienes están pasando por situaciones difíciles, como quienes están privados de su libertad o pasando un proceso de rehabilitación de adicciones, o quienes viven en las zonas más complicadas, violentas de nuestra Ciudad, escuchar este testimonio se vuelve doblemente importante.
«Por eso seguiré intentando que esta gran historia de lucha, de empatía, de resiliencia, sea escuchada por más personas».
DEL BULLYING A LAS ARTES MARCIALES
El bullying en su infancia, la violencia que padeció su mamá y los abusos físicos cometidos a mujeres en calles de Tecamachalco, lo llevaron a ver en las artes marciales una forma de defenderse en el mundo.
Más allá del mito de que este deporte promueve la violencia, se trata de una disciplina milenaria de China, India y Japón que forman física, mental y espiritualmente a los practicantes.
Rubén cursó su educación básica en una escuela adscrita a Conafe, un organismo de la SEP que brinda educación niños y adolescentes de zonas marginadas o de difícil acceso en México.
A los 12 años comenzó a entrenar en Tecamachalco deportes de contacto, y luego estudió una carrera técnica en Administración en Tepeaca, Puebla, lo que le permitió laborar en una empresa.
Sin embargo, al poco tiempo supo que no quería esa vida y estrés laboral.
«Decidí dejar todo por las artes marciales», expresa, «dejé literalmente todo y me enfoqué solamente en lo que me gusta y me apasiona».
Su disciplina y talento lo llevaron a campeonatos nacionales e internacionales de muay thai y kickboxing.
Tras ganar el campeonato de kickboxing en el 2017, recibió una invitación para impartir una charla en Oaxaca.
Dice que al final de ese evento, un joven se le acercó para agradecerle porque quería quitarse la vida, pero luego de escuchar su testimonio, supo que era posible salir adelante.
Entonces descubrió que su misión era seguir compartiendo su historia y creó su Fundación Rubén Romano.
«Básicamente lo que hacemos son pláticas de prevención de adicciones; rescate de jóvenes con problemas que tengan que ver en sus hogares y defensa personal para las mujeres», señala Rubén.
Este 2026 trabajará en la creación de su libro El niño de la basura.
Historia de un campeón, que espera publicar a mediados de año.
La vida de aquel niño se transformó y está seguro de que muchos más lo pueden lograr.