Pedro Peñaloza

“Diferentes en la vida, los hombres son iguales en la muerte”.

Lao-Tsé


Tu recuerdo es demoledor. Es parte de mi vida. Me duele verte sin que estés aquí. Habitas en mis territorios y gozo de tu voz, con decibeles del pasado. Evocadores. Eres mi alimento. Me nutres. Tu partida me lanzó a un mundo que no conocía, profundo, inhóspito, oscuro, vacío.

En tu búsqueda, caminaba, presuroso, flotaba. Ese frío que envolvía la sala me heló el cuerpo. Vi tu ser a lo lejos, desnudo. Te abracé con desesperación. Grité, lloré, permanecí. Me atormentaba la vida. Cerca, sin soltarte. Te veía con la esperanza, terca esperanza, de palpar algún movimiento de tu cuerpo. Me negaba a dejarte. De repente llegó una persona, quizá un médico. Resistí un poco. Me levanté. Arrastre los pies, sin rumbo.

Mi viajefue una agonía. Quería llegar con rapidez a tu encuentro. La noticia de tu partida fue un latigazo. El trayecto fue una eternidad. Todo me estallaba. Te enfrentaste a muchas miserias humanas. Soportaste a directivos, a los de Pumas, entrenadores con espíritu de reptiles. Nunca caíste, tal vez tu corrosivo humor te permite evitar el derrumbe personal, al que apostaban tus enemigos gratuitos.

Fuiste un hermano, hijo y nieto amoroso. También supiste ser un amigo leal. Ese resumen de tu corta vida te describe integralmente. Ese accidente impidió tu prometedor futuro. Eras un magnífico jugador, poseedor de una singular técnica y de una sangre fría que provocaba infartos. Gozabas jugar y te recreabas en el partido. Nosotros éramos felices en cada paso de tu proceso. Aquí estás. Tu andar por otra galaxia no impide que seas parte de nuestra memoria.

No te podemos olvidar, porque no queremos dejarte de oler e imaginar. Existes y te asomas en cualquier momento. Son ya 25 años de nuestra separación. Seguimos evocándote en ese complejo y profundo mundo de la abstracción, en las cordilleras del deseo.

Como siempre, aprecio la apertura de El Sol de México para poder compartir un viaje a nuestra intimidad cada año, sin falta. Aquí estamos Pedrito, quienes siempre estuvimos contigo. Seguramente nos encontraremos en un futuro indefinido. En tanto, la mezcla de dolor y alegría que nos provoca escribir de ti es atemporal. Ese amor que nos fusiona y nos obliga a seguir luchando cada minuto de nuestra vida.

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