LA IMPLOSIÓN POBRISTA
Pedro Peñaloza
“No se debe confundir la verdad con la opinión de la mayoría”.
Jean Cocteau
El nacimiento de Morena y su proceso para cautivar al electorado fue muy sencilla, a saber, denunciar los abusos del priismo y las veleidades y torpezas del panismo. Con ese libreto, la construcción de la candidatura de López Obrador, junto a su ruptura con el PRD, fue edificada a partir de un nuevo líder “carismático” que se alejaba de todas las viejas prácticas de la clase política.
El halo de pureza que envolvía la imagen de este caudillo fue el imán para atraer a amplios contingentes de descontentos, hartos de la opulencia y arbitrariedades de políticos que se habían enriquecido a costa del erario público. No importó que el nuevo guía moral proviniera de aquel priismo rancio y populista que ahora enjuiciaba. La amnesia se había colectivizado y el combate ahora era contra el “feroz neoliberalismo”, no contra el capitalismo, el pasado priista quedó escondido en la bruma de la demagogia nacionalista.
No hubo propuesta programática, únicamente frases recicladas del régimen posrevolucionario. El echeverrismo tardío dominó el discurso oficial. La consigna “honestidad valiente” encarnó a un hombre sencillo y “bueno” que rechazaba la riqueza y exhibía su pobreza en todo momento con una cartera desvencijada con 200 pesos.
Ser víctima del “fraude electoral” potenció su impacto de personaje abusado por el poder, lo que le permitió ganar adeptos que pedían con urgencia justicia social y castigo. La realidad fue otra, negoció impunidad con Peña y nuevos pactos con el narcotráfico, por eso, “abrazos no balazos”.
La divisa del gobierno obradorista fue la austeridad a toda costa. La tríada repetida cientos de veces en su Mañanera, “no mentir, no robar, no traicionar”, le permitió engatusar a una población decepcionada, mientras ignoraba acusaciones e incluía a personajes del viejo régimen en su gobierno. Todo era perdonado si le rendían pleitesía al líder.
Sin el redentor de Macuspana en la presidencia las cúpulas y huestes morenistas navegan hoy sin control y escenifican las mismas prácticas que acusaron. La lista del aquelarre es vasta, aunque la respuesta es siempre la misma, “todo es obra de la oposición y los medios”, “la derecha quiere vernos caer”.
El discurso pobrista estalló en mil pedazos con una nutrida lista de pillos. La presidenta hace malabares y hasta exonera a sus colegas para tratar de aminorar los daños. No puede, el cáncer de la corrupción ya hizo metástasis. La palabrería y las excomuniones que lanzaba el sacerdote de Palacio en el púlpito presidencial se derrumbaron y confirmaron los verdaderos intereses de la pandilla de simuladores.