SOY UN ATEO QUE CREE EN DIOS: RAÚL ZURITA

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Oscar Cid de León

Agencia Reforma

Ciudad de México 15 agosto 2025.- Se ha convertido en un lugar común decir que la única patria que tiene un escritor es su lengua, observa Raúl Zurita. Pero no, al menos él no cree en eso.

 La lengua, en realidad, le es una cárcel, «un cerco que te impide llegar más lejos, volar más, ver más», asegura a REFORMA, por escrito, el escritor chileno (Santiago, 1950), una de las voces más influyentes de la poesía latinoamericana actual.

 «Y he llegado a creer que el experimentar esa cárcel es la verdadera patria del lenguaje», zanja.

 Con respecto a Chile, esa otra «patria» ante la que su voz, junto a tantas más, se levantó desde la poesía contra el totalitarismo que cercó a la nación en la era de Augusto Pinochet, entre 1973 y 1990, el poeta reflexiona: «Nada de lo que soñé en mi juventud que iba a ser Chile es Chile».

 «Nada de lo que desié y soñé que sería mi país después de la dictadura fue lo que deseé y soñé, nada de lo que quise con fervor cuando era adolescente que fuese el mundo ha sido el mundo», sentencia sobre su país, hoy gobernado por una izquierda encabezada por Gabriel Boric.

 «Cargo mi patria como se cargan los amores perdidos».

 ¿Y Latinoamérica? ¿Qué pensar de su rumbo?

 Su respuesta es llana pero determinante: «Temo».

Zurita alista un nuevo viaje a México como parte de la delegación de la Universidad de Chile (UChile) que participará como invitada de honor en la edición 2025 de la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios (Filuni) de la UNAM.

 Una visita que coincide con un proyecto expositivo del autor que se presenta actualmente en la Casa Lago, en Chapultepec, Verás: El último proyecto, donde evoca una acción del 24 de marzo de 2024, cuando un verso suyo se inscribió fugazmente sobre un acantilado de 800 metros de altura en Caleta Vítor, al norte de su país: «Verás un mar de piedras».

 Una hazaña poético-performática que tiene su germen en 1982, año en que cinco aviones trazaron en el cielo neoyorquino algunos versos de La vida nueva.

 «Mi dios es no», trazaste aquella vez en Nueva York. ¿Por qué ese interés tuyo de escribir en el firmamento?

 ¿Y por qué no? Es la monumentalización de un segundo de locura y a la vez un poema íntimo porque por muchos años existió sólo dentro de mí. Lo vi de golpe y pasaron varios años antes de que se hiciera. Fue una de las cosas más bellas que yo he visto en mi vida y sin embargo odié poder mirarlas, poder verlas, porque nunca iban a ser como las frases que habían vivido en mí.

 Tres años después, en 1985, en un país en que lo único que había era pena y miedo (Chile), pensé en hacer una inscripción en el desierto que fue «Ni pena ni miedo». Se hizo finalmente en 1993, la dictadura había pasado y me sorprendió verlas.

 Finalmente me imaginé el final. Fue en un sueño real. Lo soñé el 2002. Eran frases de pasión, de amor y de muerte escritas en los acantilados frente al mar. Después de varios intentos fallidos, se logró hacer gracias a Delight Lab, dos hermanos fabulosos que son artistas del láser quienes las proyectaron.

 Ahora las fotografías están expuestas en la Casa del Lago, con quienes guardo una deuda de cariño y gratitud. Pero con estas 22 frases se termina. Es el último proyecto. Finaliza con la frase «Y llorarás», que se va apagando con la luz del amanecer. Después sólo queda el ruido del mar. Fue arduo y bello.

 ¿Y Dios? ¿Qué fue de él?

 Bueno, al parecer soy un ateo que cree en Dios.

Sus escrituras en el cielo han llevado a Zurita, en ocasiones, a ser considerado no sólo un poeta, sino un performer de la poesía, pero él reniega.

 «Yo no soy un ‘performer’ ni hago ‘performances’. Qué diablos es eso de ser un ‘performer’. Es un término agringado, eso dejémoselo a ellos. Nosotros hicimos, y en momentos muy duros, ‘acciones de arte’, en un país ocupado por los militares de Pinochet. No hacíamos ‘performances'».

 Y añade: «No sé quién ni qué soy, pero no soy un performer como tampoco soy un artista visual. A lo más y tal vez, quizás, quién sabe, un poeta a secas».

 Pero, ¿qué es la poesía?

 Es la esperanza de lo que no tiene esperanza, es el amor de lo que nunca ha tenido amor, es la posibilidad de aquello que no tiene ninguna posibilidad y sobrevivirá hasta que el último de los seres mire el último de los atardeceres.

 Pero las razones de su sobrevivencia no son felices: mientras haya un ser que sufra, la poesía continuará siendo el arte del futuro.

 ¿Y para qué sirve?

 No sé para qué sirve. La poesía no puede detener el inenarrable genocidio del pueblo palestino en Gaza ni los nuevos esclavismos, ni la explotación de los niños y niñas ni la crueldad infinita de las cabezas cortadas colgando de un puente, pero lo que sí sé es que, si desaparece… quiero decir, que si la poesía desaparece del horizonte humano, de la experiencia de estar vivos, la humanidad entera se extinguiría en los próximos cuatro minutos.

 El fin de la poesía sería el fin de toda esperanza, el último sueño de algo mejor se apagaría, y se puede sobrevivir cuatro días sin tomar agua, pero ni cinco minutos sin una brizna de esperanza.

 O sea que la poesía salva, pero también hunde. Una suerte de dicotomía que Zurita responde con una frase de la brasileña Clarice Lispector: «La misma mano que te hunde es la misma mano que te salva».

 Este 2025 Zurita cumplió 75 años, y a pesar de los dolores, las heridas de la patria, la enfermedad, el párkinson, ha sido feliz; «muy feliz», remarca.

 ¿Cuál es tu momento predilecto del día y por qué?

 La noche, cuando me duermo con P. (Paulina Wendt) y sé que soñaré que corro y corro sin caerme como cuando era niño. Allí la enfermedad no existe.

 ¿Cuál es tu recuerdo más antiguo?

 Estoy en una cuna, me han regalado un carrito de madera, rodeando la cuna están mi abuelo, mi abuela, mi papá y mi mamá que me miran con una expresión sonriente y de pronto se me cae de la cuna el carrito y lloro. Yo tendría un año y medio y mi papá se moriría seis meses después, por lo que no puede ser un recuerdo, sino un sueño, y que la niñez y la vejez son los únicos lugares en que los sueños se confunden con los recuerdos.

 ¿Y tú primer encuentro con la poesía?

 Bueno, a lo mejor ese falso recuerdo que te acabo de contar.

En la Filuni, que tendrá lugar del 26 al 31 de agosto en diversos espacios de la UNAM, sobre todo en el Centro de Exposiciones y Congresos, en Ciudad Universitaria, el poeta chileno protagonizará dos actividades.

 La primera, el 27 de agosto, a las 13:00 horas: «El desierto grita: Raúl Zurita y su poesía performativa», un espacio donde el autor, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2020, compartirá una lectura de su obra, acompañado del también chileno Alejandro Zambra, y la Vicerrectora de Extensión y Comunicaciones de la UChile, Pilar Barba.

 Mientras que el 30 de agosto, a las 12:00 horas, charlará con la escritora mexicana Julia Santibáñez, editora del volumen que Libros UNAM le dedica al poeta dentro de su colección Material de Lectura, en la mesa «Cuando emergió el sol naufragamos».

 Además, TVUNAM, así como UChile TV, transmitirán en este marco el documental Zurita, verás no ver, de Alejandro Carmona.

 En www.filuni.unam.mx/eventos puede consultarse el programa general de la Filuni.

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