SIETE VECES ADIÓS
Por Itaí Cruz
Fotos: Norberto Reyes
Ciudad de México, 6 julio 2025.- Hay despedidas que se dan en silencio, otras que ocurren con portazos. Algunas se anuncian con lágrimas contenidas, y unas más con canciones que se vuelven refugio. Muestra de ello es, Siete veces adiós, que no es solo una obra de teatro: es una herida que canta, un corazón que se rompe en tiempo real y se vuelve espejo para todos los que alguna vez dijeron adiós amando.
Esta propuesta, que lleva ya poco más de tres años en cartelera, fue creada por Alan Estrada, Jannette Chao, Vince Miranda y Salvador Suárez, bajo la producción de PlayHouse y Ola Ke Ase. Se mantiene tan vigente y conmovedora como el día de su estreno, y su impacto fue tal que, al poco tiempo, surgió una versión alterna titulada Él y Él.
Desde entonces, han desfilado diversos actores y actrices que han dado vida a esta historia de amor y desamor, entre ellos Fernanda Castillo, Gustavo Egelhaff, Paulette, Pierre Louis, Macarena García, Michel Ronda, Lety Sahagún y Diego Klein. En el papel de Lamore, ese carismático personaje que funge como narrador emocional de la historia, Cess Enríquez ha sido figura constante, acompañado en distintas temporadas por Rubén Branco, Valeria Vera y Mónica Huarte.
Si alguna vez amaste y tuviste que soltar, esta historia es para ti. Si aún amas y temes el final, también. Aquí van tres razones para dejarte romper (y reconstruir) por Siete veces adiós:
1. Convirtiendo el amor y la ruptura en una experiencia sensorial inolvidable. Desde la primera escena, los sentidos se despiertan: la música en vivo, las luces cálidas, los silencios que dicen más que cualquier diálogo. Todo está orquestado para que el público no solo vea, sino que sienta. Siete veces adiós no se vive desde la butaca, se atraviesa desde el pecho. La historia se construye con palabras y canciones que parecen escritas por ese amor que no pudiste olvidar. No importa si estás en una relación, si acabas de terminar una o si llevas años soltero: vas a encontrar algo tuyo en cada nota, en cada gesto. Vas a salir distinto.
2. Personajes reales y complejos como la vida misma. La pareja protagonista no es una caricatura del amor ni de la ruptura, son personas reales, complejas, llenas de contradicciones. Se aman, se lastiman, se confunden, aquí no hay villanos ni mártires. Eso es lo que vuelve tan potente la obra: lo fácil que es reconocerse en esos momentos en los que uno se aferra cuando ya es tarde, o cuando se va aunque aún ama. Lamore, ese tercer personaje que observa y canta lo que los otros no pueden decir, funciona como la conciencia de todos los que alguna vez amaron con miedo. Verlos es verte. Y eso duele. Y sana.
3. Música original que te rompe y te cose al mismo tiempo. Las canciones son un personaje más. No están puestas para adornar, sino para empujar la historia donde las palabras ya no alcanzan. Son letras que resuenan con la fuerza de una carta nunca enviada, con la crudeza de una confesión dicha al oído. Cada acorde es una punzada y una caricia. Cuando crees que ya no puedes más, una nueva melodía llega para abrazarte. Hay temas que te dan ganas de llorar en silencio, y otros que te impulsan a bailar con rabia. Es un soundtrack emocional que vas a querer llevarte a casa, porque ahí también vive tu historia.
Esta es una experiencia que se queda vibrando en la piel, como ese amor que no se olvida. Ir a verla es permitirte sentir, cantar y sanar un pedacito de historia que se siente como si fuera nuestra vida siendo representada en escena.